miércoles, 25 de marzo de 2015

De la entrada desesperada o consecuencias de dormir menos que la versión extendida de El Señor de los Anillos

Tanto propósito, tanto propósito y me olvidé del más importante: dormir un mínimo de seis horas, preferiblemente siete, todas las noches pase lo que pase salvo viernes y sábados. No lo hice. 

Ya escribí sobre lo de no querer dormir y negar el día siguiente: si no duermo, no existe. El problema es que por mucho que yo me empeñe, el tiempo pasa sin parar. Y las siete de la mañana siguen siendo en el mismo momento todos los días.

Para terminar de rematar mi estupidez, resulta que suelo elegir un día determinado para trasnochar de forma extrema: los martes. Lo cual no tendría más importancia de no ser porque los miércoles me levanto a las... 5:45 de la mañana. 

Vivo en Saarbrücken pero trabajo en Saarlouis y los miércoles tengo clase desde primera hora. Y aun llevándome una profe muy maja en coche, esa es la hora a la que me tengo que poner en pie. No sé cuántos años de vida he perdido ya en lo que llevo de año, pero es sonar la alarma y quererme morir. Precisamente porque los martes tengo la bendita idea de irme a la cama a eso de las dos, que a falta de paracaidismo, necesito otra forma de vivir al límite.

Como consecuencia, estoy medio zombi hasta las diez de la mañana más o menos dependiendo de la cantidad de café que tome esa mañana. Extrañamente me levanto casi con taquicardia, hecha polvo y como si me hubiese atropellado un autobús. Apenas desayuno y las ojeras me llegan hasta el cuello. Y sin disimular, porque por supuesto no hay quien se maquille a esas horas. 

Siguiendo con la regla del "más difícil todavía", hoy me enfrento a un desafío extremo: siete horas consecutivas de clase. Eso no lo hace casi ningún profesor. Al menos, no muy a menudo porque por preparado que estés, te quieres morir. No todas son en el instituto, claro. Desde hace unas semanas trabajo de profe de inglés en una academia y como mis alumnos son adultos, a menudo les viene mejor por la mañana. Así que a mis cinco horas habituales en el instituto, hoy me toca añadir otras dos clases en mis dos horas libres. Sin anestesia.

Así que si mi mensaje llega a algún noctámbulo extremo que se pasa las noches en vela usando internet y aún estoy a tiempo de ayudar a alguien, he aquí mi consejo: no lo hagas.

No sólo se ha demostrado que se engorda más y se incrementa el riesgo de padecer varias enfermedades por perder horas de sueño, sino que además no se recuperan. El falso mito de compensar horas el fin de semana es eso, un mito. Hora que pierdes, hora que no vuelve. 

Y aunque es un asco tener cuerpos tan débiles incapaces de resistir sin descansar como es debido, la alternativa no es mucho mejor. El Cronista ya pensó en la posibilidad de desarrollar tecnología o algún método para necesitar sólo veinte minutos de sueño reparador al día y al principio me convenció. Fetén, vaya. A procrastinar como si no hubiese mañana. Pero la cuestión es que cuando lo pensé un poco más, me di cuenta de que las cosas no serían tan sencillas. 

Si sólo necesitáramos dormir veinte minutos, nos pasaríamos dieciséis horas diarias trabajando. En una sociedad de consumo, ésa es la consecuencia lógica. Cada vez se alargarían más los horarios de apertura, la gente pluriempleada cobraría menos y necesitaría trabajar más (vamos, como siempre) y al final, no se podrían aprovechar esas ocho horas para jugar con los niños o divertirse. 

Así que francamente, para que El Corte Inglés abra un after hours, mejor seguimos durmiendo una tercera parte del día. O intentándolo, al menos.

Me voy a morirme un rato. Qué siesta me voy a pegar a las tres de la tarde.

6 comentarios:

  1. No sé cómo aguantas... bueno sí, hecha polvo. También tuve épocas así, ahora duermo mínimo siete horas y aún así me cuesta levantarme.

    He leído lo de Cronista y sí, me faltan horas del día para hacer todo lo que quiero, pero me encanta dormir, no me tomaría esa pastilla.

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    1. Lo peor es cuando leo cosas sobre lo terrible que es no dormir (todo esto de noche, cuando debería estar en la cama) y ni por esas cambio mis hábitos. Al final sobreviví ese día bastante bien; todas las clases me fueron bien, aguanté despierta y creo que no dormí ni siesta. A veces a mi cuerpo le gusta llevarme la contraria.

      Gracias por leer, como siempre. Un abrazo,

      Cristina

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  2. Para mí, dormir es sagrado. No entiendo a esas personas que opinan que es una pérdida de tiempo. Prefiero vivir cuatro horas al día con la cabeza totalmente despejada, a tener que arrastrarme durante veinte horas con los párpados doloridos y la mente embotada. La salud es lo primero. Además, si no duermo al menos siete horas me levanto con un humor de perros, enfadado como un bebé cuando no consigue descansar. Pero tanto me molesta dormir poco como hacerlo mucho. Nunca debo alargar más de veinte minutos la siesta, sino me levanto con idéntica mala hostia que con falta de sueño.

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    1. Ay, vais a tener que venir todos a Alemania a obligarme a dormir, porque yo me niego. Totalmente de acuerdo con lo de la siesta. En cuanto a lo de que la salud es lo primero, ojalá lo fuera para mí.

      Gracias por comentar, perdón por el retraso y buenas noches :) Un abrazo,

      Cristina

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  3. Tienes razón guapa, pero hacía mucho tiempo que no disponía de un ratito para vagar por la red a mis anchas.
    Dicho esto, me voy a dormir, que mañana madrugo y no tengo muy claro si mi princesa salvaje de 3 años me dejará dormir esas 7 horas que recomiendas del tirón.
    Un beso. Y para que veas lo desconectada que estoy...¿Qué tal te va con el Pantera? XD

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    1. ¡¡Mustang!! Mil gracias por pasarte de nuevo por aquí, ya empezaba a temerme que me tuvieses por una pederasta indigna.

      El Pantera sigue en el instituto y hace casi un año que no lo veo. Este año no trabajo en su insti ni en su ciudad, pero al menos sé que sigue con los estudios, cosa que no puedo decir de todos mis ex-alumnos. A veces voy de visita al instituto, pero como no continuó con el español, no lo veo. Pero estoy segura de que le irá bien; es un niño muy especial y aunque él ahora no se dé cuenta, un día se levantará, se mirará al espejo y en él verá a un buen hombre. Espero que lo haga acompañado de una buena mujer. Ains, que me pongo sentimental.

      Ánimo con tu princesa y con tu príncipe y con tu "jaco". Me lo imagino bombero, no sé por qué. Por cierto, que no te he echado la pertinente bronca por dejar el blog; te voy a tener que escribir un e-mail un día de estos.

      Cuídate mucho, guapa :) De nuevo, gracias por sacrificar unos minutos de paz (mi hermana también sufre de falta de sueño por lo mismo que tú) y espero verte de nuevo por aquí. Un abrazo,

      Cristina

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!