domingo, 22 de febrero de 2015

De Krysia en el País de las Maravillas

(Banda sonora de este post)

Krysia: nombre propio. Diminutivo de Krystyna, o simplemente "Cris". Palabra que me da gusto escuchar y que me conduce a otra yo. O a otra parte de mí. O quizá simplemente tenga mil personalidades, quién sabe.

Maravilla: sustantivo. En su primera acepción, suceso o cosa extraordinarios. Extraordinario, que no bueno. Ni malo. Y que causa admiración



Me saltaré el eterno y penoso paso por el aeropuerto de Frankfurt. Simplemente no era nuestro día (quitaos siempre las botas. SIEMPRE. S.I.E.M.P.R.E.) Aterricé sin más novedad aunque sí con más frío y por primera vez, M vino a recogerme al aeropuerto. Es bonito que te recojan en el aeropuerto. Te sientes más bienvenido en tu lugar de destino, más querido. Después de M y su novio, fue Varsovia quien me saludó con sus rascacielos, muchos ya terminados.

Maletas fuera, piwo dentro. Una, no empecemos fuerte. Confesiones, desahogos. Y para ahogar las penas, vodka con zumo de manzana. Hay un vodka muy típico polaco, el Żubrówka Bisson Gras, que tiene hierba dentro. Hierba de césped. Solo está asqueroso, pero mezclado con un buen zumo de manzana está delicioso. Detesto el zumo de manzana, pero no esta vez; acabamos la botella y salimos. "Nada de drama a partir de ahora".



Piwo: sustantivo neutro. Se lee "pibo". Cerveza. Polaca, bien fresquita. Más densa y sabrosa que la alemana o la española. 



Cogemos un taxi y tengo que resistirme para no sacar la cabeza por la ventanilla y gritar "Te quiero" a la ciudad. Vamos hacia la Plaza Zbawiciela. Mi lugar preferido de Varsovia. Muy buenas noches han empezado ahí. Plan B está abierto y tal como lo recordaba. Segunda piwo. Más conversación. Buscamos algún club abierto, sin éxito; pero me da igual. A dormir. Para una primera noche no está mal.



Un nuevo bar que no conozco. Personas que sí: los amigos de M. No con todos me llevo igual; MK y R son decididamente mis preferidos. R dice que me mude a Varsovia y con ese comentario me hace feliz para las siguientes cuatro horas; es bonito que te quieran en una ciudad. Por presupuesto y apatía, cuento las copas con cuentagotas. Todavía ahora sería capaz de detallar lo que bebí; es uno de mis tests de ebriedad controlada. Cuando olvidas cuánto y qué has bebido es un buen momento para parar. Cerramos el bar y vamos a un par de sitios más. De pronto me veo inmersa en otro mundo, una suerte de bacanal en la que no estoy invitada más que a observar. Transportada a un Reino en el que no conozco las reglas y simplemente puedo mirar lo que pasa a mi alrededor. Besos y caricias y sentimientos de abandono. Recuerdo pensar que desearía estar menos presente en esa escena. O más ausente, más borracha, lo bastante anestesiada para no sentir nada.Vodka, en vaso corto. Más vodka. Y bailar un buen rato aunque sin llegar al éxtasis. Bueno. Ha sido una buena noche, una noche larga. Un par de canciones de Beyoncé sirven de telón, nueve horas de fiesta después. Feliz cumpleaños.



Paseo por la ciudad, fotos y compras. Día de semiturismo y de gastar dinero. No en vano llevé la maleta medio vacía a la ida. Tortilla de patatas sosa pero esponjosa y capítulos de Revolución en la Cocina versión polaca. Velada apacible y serena.



Tengo una hora y media para estar con Ella a solas. Quiero muchísimo a M, pero creo que esta hora y media fue la que más disfruté. Ella y yo nos entendemos bien. Saludé a la Libertad según se hacía paso a través de mi nariz y de mi pecho, saboreé cada rayo de sol y cada brisa acariciándome la nuca. Y sonreí sabiendo que nadie sabía dónde estaba. Nadie. Si alguien hubiese querido encontrarme, habría sido imposible. ¿Dónde está? ¿Qué hace? Pasea por la Avenida Jerozolimskie, pero nadie lo sabe. Y mira los edificios con una mezcla de admiración y deseo, con ternura, como a un conocido al que se ha echado de menos. En fin. Aprovecho para comprar postales, no-perderme por las calles y en general para encontrarme. Me he echado mucho de menos así, libre, segura, auténtica y feliz.



Paseo y rascacielos y más calles y qué dolor de pies y quién me mandaba a mí decir de salir la última noche. Malentendidos… Esa noche no acabó bien, pero no fue culpa de nadie. Somos lo que somos y eso está bien. Gracias por acogerme, viejo amigo. Gracias, querida ciudad, extraño País de las Maravillas, por servirme de spa, de retiro espiritual o de refugio durante estos cuatro días. Nos veremos pronto.



"Más libre. ¿Por qué?" "Ahí nadie espera nada de mí. Todo el mundo espera algo de ti, incluso quien dice que no. Pero ahí… ahí puedo hacer lo que quiera. Y hacer lo que quiera no implica hacer daño a nadie. Puedo elegir lo que quiero hacer y conseguirlo, puedo disfrutar y reír y decir lo que quiera y no pasa nada. También es que mi profesor es una persona con la habilidad de, simplemente, dejar a la gente ser. No hay mucha gente así. No conoce la maldad, no juzga. Y eso es algo que me hacía mucha falta. Por primera vez en mucho tiempo he podido escuchar mi voz y sentirla mía. Y mirarme en el espejo y gustarme la mujer que veo, que no es perfecta ni muchísimo menos, pero que me cae bien.

Necesitaba Varsovia."

6 comentarios:

  1. Tengo que citarte alguna vez cuando haga un folleto sobre Varsovia. Lo de spa en particular. ¡Olé!

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  2. Yo también necesito unas vacaciones y, con un poco de suerte, no tardarán en llegar. En cuanto pueda haré una escapada a Tenerife para ver a mi madre que, vete tú a saber por qué, le dio por irse a vivir allí hace algo más de un año y todavía no sé ni cómo es su piso. Aunque no creo que llegue a sentir esa liberación y reencuentro conmigo mismo que describes. ¿No eres más uno mismo cuando te encuentras en tu entorno habitual? Y, como mucho, al viajar te liberas de las obligaciones diarias, de ese tedio que invade tu rutina. Si necesitara irme a otro lugar para ser yo mismo, significaría que no lo estoy siendo en el lugar del que provengo (la frase suena un poco liosa, pero espero que se me entienda) y me aprecio lo suficiente para evitar en todo momento que eso suceda. Esté donde esté y con quién esté. Pero vamos, que sólo es mi punto de vista. Tan válido para mí, como cualquier otro punto de vista puede serlo para otra persona.

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    1. Es complicado... Me gusta la gente, pero no termino de sentir mi verdadera esencia en compañía. En Varsovia, sin llegar a estar sola tampoco estoy acompañada y me relajo mucho más. Ay, mi rutina tiene muy poco de tediosa. Cuando tu trabajo es trabajar con sacos de hormonas ávidos de aprobación y cariño, no te aburres. Ya se encargan los susodichos de eso, no te preocupes.

      El propósito es siempre ser la misma que en Varsovia cuando no estoy en Varsovia, pero no resulta fácil. Como decía, hay muchas circunstancias ahí que me condicionan para bien. Tampoco creo que una persona pueda dejar de ser una misma. Incluso cuando nos inhibimos y recluimos, estamos eligiendo no ser como nos gustaría. Y con esa elección, de hecho, somos de una forma. Inhibidos e inseguros. Aunque podríamos ser otra cosa. Entre Varsovia y Granada está la mujer que me gustaría llegar a ser. Con suerte un día se encontrarán y se quedarán para siempre en mí.

      Y oye, de no ser por el acento canario que a mí no me va nada, qué envidia lo de tu madre. Visítala. Llámala y cuídala mucho. Y diviértete en las Canarias, que mejor clima que aquí seguro que hay.

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  3. Primero, felicidades. Bien por ti que has podido disfrutar esos días y encontrarte a ti misma. Me ha gustado mucho tu crónica. BSS

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    1. Hola,

      mil gracias y disculpa por no responderte antes al comentario de la otra entrada. Me alegro de que te haya gustado :). ¡Un abrazo!

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!