jueves, 13 de noviembre de 2014

De la intensidad, de lo contrario al aburrimiento y de un "¿Lo ves?" como una casa que voy a escuchar esta noche

¿Soy la única persona sobre la faz de la Tierra que llora de cansancio? Puede sonar raro, pero me pasa. A veces estoy tan cansada y tan derrotada que antes de poder dormir y descansar necesito llorar. Dejar salir la tensión acumulada, relajarme un poco y entonces dormir. No me sale espontáneo. No pienso "Ay, qué cansada estoy, voy a llorar un poquito". Más bien me ultrasensibilizo y lloro por auténticas bobadas por las que jamás soltaría una lágrima. Acabo de llorar un poquito viendo un capítulo de Arthur. Sí, la serie de dibujos. Sí, me encanta y os la recomiendo. Y si tenéis niños en la familia, haced que la vean porque es maravillosa.

Llevo toda la semana "portándome bien" para ir a trabajar. Los psicólogos infantiles desaconsejan la frase "pórtate bien" porque un niño no sabe lo que significa. Y me parece que muchos adultos tampoco, así que voy a concretar. Para mí portarme bien en lo referente al trabajo es ir preparada, bien vestida, maquillada, desayunada y despierta. Eso implica levantarme antes y de rebote, acostarme antes también. Eso implica el esfuerzo de hacerme el zumo de naranja y de ponerme las lentillas y la máscara de pestañas sin caerme dormida antes de las ocho de la mañana. Si me porto bien en lo referente al piso, significa que tengo la habitación ordenada, la ropa recogida y limpia y que no dejo los platos sin fregar más de doce horas. Si me porto bien en lo referente a la salud, intento dormir las horas que me corresponden, dejo las golosinas y los gases y me esfuerzo por cocinar cosas sanas y no tirar mano de la pizza de turno o de la comida basura. En raras ocasiones he conseguido portarme bien absolutamente en todo, pero es mi utopía. 

Cris Dillingen dice que no necesito maquillarme para estar guapa ni para trabajar, y tiene razón. Pero para mí, maquillarse tiene un componente psicológico muy importante: es mi pintura de guerra. Mi armadura, mi uniforme, mi traje de batalla. Maquillada dejo de ser un saco fofo con patas que sabe más de lo que demuestra y menos de lo que le gustaría, insegura hasta la náusea, para ser la Superauxiliar de Conversación que hace juegos divertidos, se ríe de sí misma, tiene un humor fantástico y un carácter adorable y se lleva a los chavales de calle. Noto (y los chavales también notan) un cambio enorme en los días en los que voy hecha un pincel a clase y los días en los que voy de cualquier manera. Pero todo eso requiere mucha energía y al final del día acabo exhausta. Después de cuatro días, no puedo más. Ha sido una semana intensa, como una montaña rusa. Y en esto me voy a extender (¡más!).

Llevaba mucho tiempo sin cobrar, cayéndoseme la cara de vergüenza cada vez que le pedía dinero a mi madre o que compraba algo que realmente no necesitaba pero me apetecía (libros, chuches…). Seguía sin recibir la información sobre las jornadas de Berlín. ¿Me invitarán? ¿No me invitarán? Soy de segundo año. Después de las dos semanas de vacaciones, la primera semana en el instituto fue especialmente dura: una Klasse 8 me hizo llorar. Fuera de clase, obviamente. Pero me quedé hecha polvo para toda la semana. Además, perdí un gorro al día siguiente de comprármelo. Ah, y el martes perdí una bufanda preciosa y mi carpeta con copias por las que he pagado medio hígado. Y hoy han cancelado dos trenes y he llegado una hora tarde a trabajar...

…pero el viernes vi a Heidrun radiante de felicidad con su precioso bebé de dos meses. Y al día siguiente confirmé que mañana iría a Neunkirchen a ver a mis antiguos niños. Y el fin de semana fue muy agradable. Y el lunes cobré. Y el martes recibí la información de Berlín: estoy invitadísima. Y ayer celebramos el cumple de Cris St. Wendel. Y hoy ha aparecido la carpeta. Y me he reconciliado con la secretaria del instituto. Y la niña que me hizo llorar la semana pasada me ha escrito una carta pidiéndome perdón. Y mañana voy a ver a mis niños…

Y estoy de los nervios. Para bien y para mal. Se van arreglando las cosas. Poco a poco todo está en su sitio. Poco a poco voy aprendiendo nombres y caras. Poco a poco son más los niños que me saludan en los pasillos con un "¡Hola, Cristina! ¿Qué tal?" que me deja sorda de felicidad. Poco a poco me entiendo mejor con las profesoras. Poco a poco molesta un poco menos sentarse en la sala de profesores. Poco a poco molesta menos "invadir" el salón del piso. Y aún así todavía queda tanto por hacer. Tanto por vivir. De esta experiencia se pueden decir muchas cosas pero al menos una es totalmente cierta: nunca te aburres. Ni siquiera cuando quieres. Hay días en los que sólo desearía un poco de banalidad. Algo de instrascendencia. Pero qué va. Cada día hay nuevos desafíos y recompensas, cada día aprendo algo y me doy cuenta de ello. Cada día pierdo y gano algo. A veces literalmente. 

Tengo miedo y voy a volver a llorar. Tengo miedo de que no me hayan echado de menos. Tengo miedo de no acordarme de algún nombre. Tengo miedo de echarme a llorar mañana. Tengo miedo de que no sea perfecto. De que se aburran, de que se rían. Tengo miedo de que no haya trenes y llegar tarde. 

Ya veremos. Mientras tanto, voy a dejar que el agua caliente de la ducha y una flammkuchen aplaque las lágrimas y el agotamiento antes de hablar con mi madre. Después de tantas semanas quejándome, sé exactamente lo que va a decir. 

"¿No te decía la mamá que todo se iba a arreglar? ¿Lo ves?"

6 comentarios:

  1. A ver , a ver.... que yo iba a comentar muchas cosas, pero lo más importante, cuando dices que irás a ver a tus niños, ¿estará el Pantera? :)

    Mientras no estás estable en un sitio, la vida es así de loca. Luego, cuando te haces mayor, ves esa época como algo maravilloso y divertido. Incluso las lágrimas de cansancio, de agobio, de lo que sea, también parecen maravillosas. Y se hecha de menos.

    PD A mí también me gusta Arthur. Hace mucho que no lo veo aquí en España, quizás ya no lo emiten.

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    1. El Pantera no ha seguido con español y como he ido sólo a las clases de español, no lo he visto ni me lo he encontrado por los pasillos. Tengo que preguntarles a los chavales si sigue en el instituto.

      Si la verdad es que aunque me quejo de todo el caos de vida que llevo, me gusta porque significa que estoy viva y que hago cosas. No es que una vida plácida y serena tenga nada de malo: mis tías tienen una rutina semanal y son las personas más felices que conozco. Pero no me parece una vida deseable a los 24 años. A los 40 tal vez. Y puede que ni entonces.

      Y sí, Arthur es genial :). En YouTube hay muchísimos capítulos; yo prefiero verlos en inglés pero seguro que también están en español. A veces no soporto el silencio, así que me pongo un capítulo mientras desayuno o me ducho o hago algo. Me alegra no ser la única adulta que lo ve por gusto.

      ¡Un abrazo!

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  2. Nada más acabar de leer tu entrada me ha venido a la mente (caprichosa que es ella) un cómic titulado "Astérix y el adivino" que leí hace tiempo. No sé si lo conocerás, pero trata de un pequeño poblado galo muy poderoso que, allá por el año 50 antes de Jesucristo, resulta ser el único en resistir la invasión romana que se extiende por toda Francia (en aquellos tiempos llamada Galia). Estos valientes guerreros no le tienen miedo a nada, salvo a que el cielo se desplome sobre sus cabezas. O, lo que viene siendo lo mismo, a que les caiga una buena tormenta. En esta historieta que he recordado se encuentran todos los habitantes en casa del jefe del poblado resguardándose de una fuerte tempestad, cuando aparece por la puerta un adivino y pronostica, sin concretar un período de tiempo exacto, que tras la tormenta llegará la calma.

    Y así es, porque si de algo podemos estar seguros en esta vida es de que nada dura para siempre. Ni lo malo, ni lo bueno, ni lo regular.

    Por supuesto que no eres la única en este mundo que llora de cansancio, aunque es muy probable que seas la única que lo haga con más de cinco años de edad. Pero, ¿es malo comportarse como un infante? Yo creo que no. Y me baso en la tesis (inventada por mí) de que todo lo que hace un bebé va orientado exclusivamente a encontrarse mejor en todo momento. Aunque sea romper a llorar para relajar el cuerpo y así dormir más plácidamente. Estos mecanismos de autocontrol corporal los vamos perdiendo a medida que nos hacemos mayores, seguramente por no estar bien vistos en nuestra sociedad o por considerarlos una etapa que hay que superar. Y así acabamos, con problemas mentales de todo tipo.

    Felicidades por resguardar en tu interior el ejercicio más natural para dormir como un lirón. Muchos insomnes matarían por poseerlo.

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    1. Los cómics de Astérix sí los conozco. Mi preferido es el de "Las doce pruebas de Astérix". Quién no se ha sentido identificado con la búsqueda del formulario A38… Esa broma no la entienden los niños. Y sí, el adivino tiene mucha razón. Todo lo que empieza, tarde o temprano, acaba.

      "Por supuesto que no eres la única en este mundo que llora de cansancio, aunque es muy probable que seas la única que lo haga con más de cinco años de edad."

      Me has matado (de risa) con esta frase. Que lo sepas. De hecho, todavía me estoy riendo. De verdad que no lo hago a propósito, me sale solo: es estar agotada a un nivel extremo y echarme a llorar. Y luego duermo como una bendita. Aunque tampoco tiene tanto mérito porque soy capaz de dormir literalmente en cualquier parte. En el autobús, en clase, de pie...

      Lo de los insomnes es tremendamente cierto; de hecho, cuando he leído la frase me he acordado de la película "El club de la lucha". Todo el argumento de la película se basa en un detalle tan simple como el insomnio del protagonista. Él también necesitaba llorar para dormir.

      Ahora me da miedo que mi vida sea como "El club de la lucha". Me voy a la cama. ¡Un abrazo!

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  3. Babilonia, iba a leer tu última entrada pero no está. ¿Ha habido algún problema o es que al final la borraste?

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  4. La borré. Pero un amigo que la leyó antes de que la borrara me ha convencido para que la vuelva a publicar. Gracias por tu interés :)

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!