miércoles, 29 de octubre de 2014

De mis libros: "Caperucita en Manhattan", de Carmen Martín Gaite

La procrastinación es un arte en el que me considero una experta. Seguir unas diez series de televisión y otros tantos blogs sobre distintos temas no me parecía suficiente, así que también me gusta ver los vídeos de algunos canales de YouTube con cierta regularidad. Hoy, viendo los últimos vídeos de mi amiga papalbina, cuyo canal trata principalmente sobre libros, me entraron ganas de hacer lo mismo. Y como tendría que estar muy borracha y muy loca para ponerme frente a una cámara, he decidido conformarme con escribir en mi humilde rincón sobre algún libro. Además, tengo que recuperar el mes perdido. 

De ahí que hoy vaya a hablar de un libro. Pero no un libro cualquiera: el libro. En la asignatura "Psicología de Babilonia 2.0" sería lectura obligatoria, lo meto en todas las listas de libros posibles y creo que es el libro que más veces he regalado (cuatro, que yo recuerde). Uno de mis favoritos indiscutibles, por no decir el preferido absoluto. Caperucita en Manhattan, de Carmen Martín Gaite.



¿Un libro para niños/adolescentes? ¿En serio? Pues sí. Este libro era una de las tres lecturas optativas de clase de Lengua y Literatura en 3º de la ESO para subir nota. En aquella época era una empollona insufrible, así que me leí los tres. Debo decir que esa profesora, a la que adoré con todo mi corazón y por la que hubiera sacrificado algún animal a los dioses si me lo hubiera pedido, tenía un gusto impecable en lo que a libros se refiere: los tres me encantaron. Por si alguien se lo pregunta, los otros dos fueron El gato de Troya, una pequeña joya desconocida para el gran público, y un clásico maravilloso: La historia interminable

En su momento no fui capaz de apreciar su influencia en mí; simplemente me gustó. Pero con el tiempo volví a él una y otra vez cuando estaba triste o no me sentía segura de mí misma. Y eso que la historia no puede ser más simple. Porque el título le hace justicia: es una versión de Caperucita Roja en la Gran Manzana. 

Sara es una niña de 10 años que vive en Brooklyn y sueña con explorar la isla de Manhattan a sus anchas. Y aunque va hasta allí todos los sábados con su madre para llevarle una tarta de fresa a su abuela *guiño, guiño*, su madre no la suelta ni un segundo ni tiene la ocasión de disfrutar como le gustaría. Hasta que un día…

…lo vais a tener que leer. Lo siento. Os podría contar más sin destriparos mucho, pero es un libro sencillo y cualquier explicación es excesiva. Pasemos directamente a por qué me gusta tanto.

Caperucita en Manhattan es un libro de personajes. De personajes femeninos muy fuertes e interesantes, empezando por la pequeña Caperucita. Mujeres que representan distintos roles y arquetipos, cada una de ellas única y fantástica. Menos la madre. La madre me cae muy mal. Pero en general todos los personajes son estupendos. Te crees a esa niña. Te crees cómo piensa y razona y le acabas cogiendo un cariño inmenso. Y tal vez hasta te reconozcas en ella, que es lo que me pasó a mí. Yo querría ser Sara. 

Si leéis la versión didáctica, con una introducción de la historia al principio, encontraréis un análisis detallado de los personajes y de las distintas versiones de Caperucita a lo largo del tiempo. De cómo el cuento empezó como una fábula con moraleja: si te adentras en lo desconocido, acabarás en líos. Y de cómo en cada versión se fueron añadiendo nuevos matices hasta llegar a la versión que todos conocemos: con cazador y con esperanza para Caperucita y su abuelita. Todo esto nos lo cuentan para explicarnos que Caperucita en Manhattan habla sobre algo muy distinto: sobre la Libertad. Sobre el derecho a ser libres, sobre lo que significa y sobre cómo alcanzarla.

Dentro de mi vida, además, ha sido un libro importante en varias ocasiones. Lo he leído en voz alta para alguien, hasta el final. Y ese alguien me hizo un dibujo chulísimo de Sara. Y…

Me parece que lo voy a dejar aquí porque no me estoy explicando bien ni le estoy haciendo justicia. Es difícil explicar por qué algunas cosas son especiales: hay que conocerlas para entenderlo. Y aun así me temo que, aunque leáis libro, a lo mejor lo encontraréis muy simple e infantil. Ya me contaréis. Y si tenéis el cumpleaños de algún chaval en la familia cerca, ya tenéis una idea para el regalo. Compradlo con tiempo y así os da tiempo a leerlo. Y si no os da pereza leer en la pantalla os dejo un enlace aquí.

Remato esta entrada con una cita del libro que me da escalofríos cuando la leo. Una de ellas:

No te hice celestial ni terrenal,
ni mortal ni inmortal, con el fin de
que fueras libre y soberano artífice
de ti mismo, de acuerdo con tu designio.

(Giovanni Pico della Mirandola, filósofo renacentista)

¡Miranfú!

6 comentarios:

  1. Con esas facilidades que das seguro que le echamos un vistazo. Y me alegra ver que existen profesores con sentido común, capaces de dar a elegir entre tres títulos adecuados para sus alumnos. A mí me tocó leer, así, sin posibilidad de escoger, "Leyendas" de Gustavo Adolfo Bécquer y "Novelas ejemplares" de Miguel de Cervantes. Yo no dudo que sean obras maestras y clásicos atemporales de la literatura, pero como herramientas para incentivar la lectura a niños de doce o trece años no me parecen las más acertadas. Aunque también es posible que los libros fueran mandatos del ministerio de cultura y mis pobres profesores no tuvieran margen de maniobra. Eso sí, al menos no son relatos demasiado largos.

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    1. Bien, bien, eso espero :). Ya me contarás. Tengo paciencia. Si tardas tanto como yo con tu película me parecerá estupendo ^^.

      A ver, las lecturas obligatorias eran más rollo. Versiones infumables del Quijote y del Lazarillo, por ejemplo. Y nunca, jamás de los jamases, podíamos leer teatro. Sólo en 4º de la ESO nos dieron una lista de clásicos para elegir uno y hacer un trabajo. Ahí me resarcí con "Fuenteovejuna", de tito Lope. Quiero escribir una serie de televisión sobre él; sería la monda.

      Vale, me acabo de acordar de la lectura obligatoria que nos mandó esta mujer. Redoble de tambores, por favor… : "La Catedral", de un tal César Mallorquí :D

      Creo que ahora entenderás todavía más por qué la adoraba.

      Pero sí, las lecturas optativas eran estupendas. Después tuve una profesora magnífica que, como se estaba mudando de casa, me daba a mí los libros que no quería. Profesores así son los que molan, ché.

      Y sí, las lecturas obligatorias en algunos cursos vienen mandadas por el Ministerio de inCultura, que en pleno siglo XXI no han entendido que no van a fomentar el amor por nuestra obra magna sólo por obligarnos a leerlo a una edad prematura. Porque me dirás tú a mí que con quince años se le puede encontrar encanto al Quijote. Excepciones hay, pero yo era una ávida lectora por entonces y todavía le tengo manía. A él y a las versiones adaptadas para imbéciles, que no para niños.

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    2. Uf, las lecturas obligadas. También soy una devoradora de libros y tengo una lista enorme de lo que no pude terminar en el insti: el Quijote, Crimen y castigo, Tiempo de silencio, la mayoría de la poesía... A quien no le llame la lectura, supongo que se alejará para siempre. El año pasado leí la primera parte del Quijote después de tres o cuatro intentos. Hace unas semanas empecé la segunda parte y ya se me ha quitado la vergüenza para decir que no me gusta, ¡qué le vamos a hacer!

      Sobre Caperucita en Manhattan, lo leí hace años, estaba en el insti y no recuerdo mucho. Sé que me gustó pero no me marcó. Pero tras pasar por aquí, me han entrado ganas de leerlo de nuevo. A ver si lo tienen en la biblioteca :)

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    3. Ay sí, reléelo, que me hace ilusión :).

      Yo al Quijote le daré una oportunidad cuando cumpla cuarenta años. Antes no. Aunque sea por cerrarle la boca a mi hermana, que es filóloga. Todo filólogo ha de admirar y defender el Quijote, so pena de que le retiren el título. Un abrazo :)

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  2. Lo he leído de nuevo. En mi comentario anterior digo que la primera vez me gustó pero no me marcó. No sé si es la realidad o el recuerdo, el caso es que esta vez me ha dejado fría. Reconozco que es un cuento muy bonito, pero no me gusta el estilo de la autora. Hace ciertos comentarios que siento como rancios, como si el tiempo no pasara bien por ellos. Y eso es lo que ha hecho que no lea nada suyo en tantos años. Carmen Martín Gaite tiene la reputación que tiene, así que quizás sea hora de darle una segunda oportunidad con otra cosa.

    Me sigue pareciendo increíble que a unos nos maraville una lectura y otros lleguen a detestarla (que tampoco es mi caso con este libro :)). Mme está pasando con un libro de John Banville que leí el año pasado. Me fascinó, quizás por mi estado de ánimo. Lo recomendé y los que lo están leyendo lo encuentran un rollo. Cosas de los libros :)

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    1. Lástima… Supongo que los libros también son el momento en el que los lees y por qué. En cualquier caso, me alegro de que le hayas dado otra oportunidad aunque no haya resultado como esperaba. Y sí, es verdad que algunas de sus expresiones son un poco anticuadas. También es evidente que lo que refleja no es la sociedad neoyorquina, sino la española en Nueva York. Y el libro tiene sus carencias, pero qué le vamos a hacer. Por ciertos pasajes, sigue siendo uno de mis preferidos. Y como has dicho, son cosas de los libros :).

      Un abrazo,

      Cristina

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!