domingo, 27 de abril de 2014

Del viaje de vuelta o la guía de retorno para principiantes

Gracias a la generosidad *sarcasmo* del aeropuerto Charles de Gaulle, dispongo de unos diez minutos para escribir una entrada. Una entrada que no he planeado con antelación *música dramática*. La cosa promete… Vamos a ello.

En efecto, ya estoy a medio camino entre mi casa y mi casa. En París. Para no ver París. Es algo que me enfada sobremanera, tanto como el haber estado cinco veces en Palma de Mallorca y ninguna fuera del aeropuerto. Y el tono un punto más sarcástico de lo que me suelo permitir es un escudo muy malo (flojísimo, se oxida y se rompe de mirarlo) contra la nostalgia, porque estoy aguantándome las ganas de soltar un par de lagrimitas por no ver a mi sobrino.

Llamadme tonta, pero no sabía que lo iba a querer tanto. Ya tengo sobrinos postizos, pensé que la cosa no cambiaría mucho. Pero al reconocer algunos gestos de mi hermana en el peque e incluso a veces encontrar semejanza entre él y mi yo de bebé hace que babee a niveles insospechados. Mañana voy a tener agujetas de tanto tenerlo en brazos y darle besos, pero vale la pena. Suspiro. Esta es mi vida y de su sentido o de la falta de él, según el día, ya iré hablando. Volvamos a la terminal 2F de París.

Algún día escribiré también de las hermanas Pacheco, que me gustan mucho, pero sobre todo de Carmen, culpable de que utilice el gel de ducha Neutro Balance y de que enloqueciera por los Nestlé Cheesecake y de que me enganchara a Girls. Por lo pronto, hoy os enlazo a una entrada que hoy me viene al pelo. No tengo a nadie a quien llevarle recuerdos, así que me centraré en el otro punto interesante: las ganas de volver.

La gran Carmen sugiere que si, como yo, no se tienen ganas de volver, hay que inventárselas y hacer planes. Yo a Carmen la admiro y respeto mucho y sólo por eso lo voy a intentar… Porque ni de intentarlo hay ganas, que conste.

Volver tiene, no lo negaré, cosas buenas que me gustan mucho. Así a bote pronto se me ocurren mis compañeras de piso, mis doscientos cuarenta y ocho alumnos, el Staden y una escapada que tengo prevista a Heidelberg (buscad fotos de la ciudad y flipad), las presentaciones de la Klasse 10 (de esto hablaremos otro día), libros que regalar, tal vez quedar para café con mis niños mayores, volver a quedar con mi tándem (la cual espero que me mande un WhatsApp porque he perdido el número… larga historia), el chocolate barato, lo genial que es el pueblo alemán en general, el Peace Kebab, mi intimidad (tal vez esto debería ir al principio de la lista), y con suerte, buscarme piso para el año que viene si me vuelven a dar la beca (lectores creyentes: rezad).

Sí, ya me siento un poco mejor :). Sólo me queda esperar y tener paciencia...

lunes, 21 de abril de 2014

Del Liebster Award

Reconozco que yo siempre he mirado esto de los premios de los blogs con cierto recelo y jamás me han hecho especial gracia, pero creo que era porque nunca me habían nominado a uno :) En la última entrada Dorotea Hyde me ha nominado para un Liebster Award y ché, me ha hecho ilusión: muchísimas gracias.


Las reglas para obtener el premio son las siguientes:

-  Seguir al blog que te nominó (desde aquí elimino ese requisito: yo leo diariamente varios blogs de los cuales no soy seguidora públicamente. ¿Y?)
-  Responder a las 11 preguntas o escribir 11 cosas sobre ti, según lo que te pida el blogger.
-  Nominar otros 5, 11 o 20 blogs con menos de 200 seguidores y notificárselo.
-  Plantear 11 nuevas preguntas.

Y sin más dilación, paso a responder las preguntas de Dorotea:

1. ¿Por qué decidiste crear tu blog?
Llevo escribiendo blogs desde 2005. A veces me canso de uno o dejo de sentirme identificada y empiezo uno nuevo. Un poco como con los diarios cuando era pequeña: si me cansaba del cuaderno, empezaba otro. Así me va. En cuanto a por qué empecé a escribir blogs en general… porque me gusta escribir y me gusta practicar, porque esto me sale más barato que un psicoanalista y porque los blogs son el consuelo de los escritores frustrados y por egocentrismo. Sí. Queda mal decirlo, pero peco un pelín de egocéntrica.

2. ¿Piensas en tus entradas mientras haces otras cosas?
Siempre. Cuando voy por la calle, cuando doy clase y tengo un momento, en la ducha, en el retrete… (vale, comentar esto último no era necesario). De hecho, suelo escribir mis entradas mentalmente en mi cabeza varias veces antes de que vean la luz aquí. Ésta la vengo rumiando desde que leí el comentario de Dorotea… Hace más de una semana.

3. ¿Escribes con música o sin música? Si escribes con música, ¿qué sueles escuchar?
Según, pero me gusta escribir con música. O con algo de fondo. Ahora mismo tengo esta canción. En cuanto al tipo de música, depende. Normalmente escucho la canción que esté quemando en ese momento (hits de la radio y tal). Si enlazo alguna canción en las entradas, podéis estar seguros de que la he estado escuchando una y otra vez mientras escribía. Y me suelo poner alguna de las listas de reproducción que tengo. Pop y clásica principalmente. Sin embargo, tengo dos fijas que me ayudaron con mi "bloqueo del escritor" hace unos meses: música de Bollywood y esto

4. ¿Frío o calor?
Con la ropa adecuada y en el lugar apropiado, ambos están bien. Sería de frío de día y de calor por las noches.

5. Una adaptación literaria al cine que te haya defraudado.
¿Sólo una? Tengo miles. Pero una de las que más me ha dolido es sin duda La historia interminable. Lo único salvable es la banda sonora. Aunque creo que si hubiera visto El gran Gatsby, ésta encabezaría la lista. Si Fitzgerald levantara la cabeza

6. Poesía, novela, teatro… ¿Qué prefieres? ¿Alguna recomendación?
Las tres, pero el mercado dicta un poco los gustos así que obviamente lo que más leo es novela. No obstante, como hermana de una filóloga, he tenido el placer de leer auténticas joyas. Aquí van mis recomendaciones. De poesía, indudablemente Pedro Salinas y La voz a ti debida. En mi opinión los mejores poemas escritos en español. De novela, Caperucita en Manhattan de Carmen Martin Gaite, uno de mis libros preferidos. Tengo pendiente hablar de él. Y de teatro recomiendo dos: Trescientos millones, de Roberto Arlt (si alguien encuentra una edición impresa de esta obra que contacte conmigo; pago lo que sea) y Nina, de José Ramón Fernández, un autor contemporáneo del cual mi hermana escribe la tesis. Al final de esa obra aparece una de mis frases preferidas.

7. ¿Qué "pecados literarios" ocultos tienes?
Jejeje, yo nací en 1990: fui fan de Crepúsculo en sus comienzos. Es más, tengo los dos primeros libros firmados por Stephenie Meyer. Aparte de eso, creo que leo cosas bastante normales y respetables. 

8. Una serie de televisión que todos deberíamos ver.
Friends. La única e irrepetible. No aceptéis imitaciones. Incluso aquellos que no son de sitcoms deberían verla, porque esas diez temporadas marcaron un antes y un después en la historia de la televisión y se les ha hecho referencia (por no decir plagio) en mil series posteriores a ella. 

9. Si pudieras viajar en el tiempo, ¿mantendrías las manos quietas o sería más fuerte la tentación de cambiar algo?
Primero tendría que pensar a dónde ir y, por extraño que parezca, la verdad es que yo dejaría la historia bastante en paz. Volvería al pasado para pedirle a Sándor Márai que no se suicidara, me tomaría un café con Napoleón (me cae bien, no preguntéis por qué), un té con Jane Austen (mira, quizá salvaría a su amor), intentaría inspirarle algún poema a Walt Whitman y… sí, básicamente daría rienda suelta a mi vena fan y me dedicaría a conocer a todos los artistas y personajes históricos muertos que admiro. Siento la tentación de evitar el nacimiento de Hitler o Franco o alguno de estos, pero francamente: de no haber sido ellos, habrían sido otros. Y a saber si no hubieran sido peores. 

10. ¿Podrías vivir sin móvil e internet durante un mes?
De vacaciones, en la compañía adecuada… Sí, tal vez. Pero tal y como es mi vida en estos momentos me sería imposible. Odio admitirlo porque estoy reconociendo que dependo de la tecnología, pero espero poder desengancharme un poco en el futuro.


11. ¿Cuándo fue la última vez que te relajaste mirando un atardecer? ¿Dónde?
Ni me acuerdo, la verdad. Tal vez en el Staden en Saarbrücken, con May, en alguna tarde de marzo. Soy más de amaneceres y uno que recuerdo como si fuera ayer fue el día en que cumplí 18 años, en Athlone, una ciudad del centro de Irlanda. Ese día estrené la mayoría de edad madrugando y vi un amanecer precioso por la ventana. Tenía toda mi vida adulta por delante y me perdí en ese pequeño momento de felicidad.

En cuanto a mis blogs nominados, pues a ver…






Me consta que al menos uno de los cinco blogs nominados ya ha recibido un Liebster Award, pero se puede recibir más veces. Estas son las preguntas que tendrán que responder:

1. Todos empezamos nuestro blog por distintas razones. Pero… ¿por qué continúas con él?
2. ¿Por qué razón dejarías de escribir tu blog?
3. ¿Cuál es tu truco para aguantar bien el día?
4. ¿Qué tres cosas te llevarías a una isla desierta?
5. ¿Qué libro de tu infancia crees que te ha marcado más?
6. ¿A qué personaje histórico te gustaría conocer?
7. Si pudieras ser un animal, ¿cuál elegirías?
8. ¿Escribes fuera de tu blog?
9. Si pudieras tener algún superpoder, ¿cuál elegirías?
10. ¿Cuál es tu juego favorito? (De mesa, videojuego, de ordenador, de patio del recreo, me da igual)
11. ¿Qué lugar del mundo necesitas conocer imperiosamente antes de morir?

Ea, ahí queda eso. Espero que a los nominados les pique el gusanillo y lo hagan.

Por lo demás, las vacaciones hasta ahora están siendo tranquilas. Mi sobrino está más guapo cada día que pasa, me podría pasar el día entero mirándolo. Y mi hermana está estupendamente también. Muerta de sueño, eso sí. Y esta noche viajo a Granada y en cuanto me quiera dar cuenta estaré de vuelta con mis niños. Ay Tiempo… 

lunes, 7 de abril de 2014

De la Contadora de Estrellas y la Estrella Fugaz

Esta historia empieza con una noche estrellada. (Sugerencia de música para leer este post.)


A mí me encantan las estrellas.  No creo en dios, pero las estrellas son lo más cercano a la eternidad que soy capaz de entender. Mi relación con ellas es complicada; me fascinan desde una excursión al planetario cuando tenía nueve años. En Internet uno de mis nicks más usados es "Merak", cuando no "Merak-Dubhe": dos estrellas de la Osa Mayor con las cuales se puede localizar la Estrella Polar si se mide la distancia entre ellas en línea recta cinco veces. Mi guía. Mi brújula. 

A menudo me quedo quieta en algún lugar por las noches mirando las estrellas brillar. A veces casi las escucho murmurar mientras titilan incesantemente en el mar oscuro del cielo. Cuando estoy triste, cuando estoy alegre, ellas han estado conmigo. Y como buena noctámbula que soy, me han acompañado muchísimas veces durante mis noches en vela. 

Una de esas noches que no tenía nada de especial, vi una estrella fugaz en el cielo. Cerré los ojos y pensé en lo primero que se me ocurrió. "Fuerza", pensé, "para enfrentar todo lo que la vida me traiga". Aún con este deseo besándome los labios, vi otra estrella más. "Serenidad para mi madre", supliqué en silencio. Este deseo era más difícil. 

Y vi otra estrella más. "Un bebé para R."

Mi hermana llevaba meses intentando quedarse embarazada y parecía que no había manera. Me negaba a rezar por ello -aunque no a pedirles a amigos míos creyentes que dedicaran un padrenuestro a la causa-, pero quería un milagro. 

No sé si soy fuerte y dudo que mi madre haya gozado de serenidad durante estos meses. Pero unos días después, R. me decía por WhatsApp que le dolía el pecho y que a ella nunca le dolía. Y que era un síntoma de embarazo. Que si se hacía la prueba o no. No era la primera vez y ninguna de las dos quería albergar grandes esperanzas, pero la bruja que hay en mí se regocijaba en silencio: esta vez sí, Cristina. Esta vez sí. 

Acababa de volver yo de mi viaje a Lublin cargada con dos botellas de vodka polaco cuando empezaron a llover las Perseidas. No me las suelo perder ni un año y el verano pasado las vi en casa de mi hermana, en pleno campo. Ella no se quedó mucho levantada, pero mi cuñado y yo nos quedamos degustando las dos botellitas de Wyborowa y mirando al cielo.

Mi cuñado es un hombre de pocas palabras. Un hombre de los que Mustang suele adorar. Pero ahí, compartiendo el vodka como camaradas, los dos pensando en lo mismo, las palabras fluyeron. No recuerdo qué me dijo, creo que todavía estaba digiriendo la noticia. Pero por primera vez lo escuché ilusionado y eso es algo muy bonito.

Tras un par de semanas en casa recopilando mis libros de cuentos preferidos, yo vine a Alemania y mi hermana siguió engordando. A finales de noviembre sabíamos ya que iba a ser un niño; compré un montón de chocolatinas para mis alumnos para festejarlo. Un niño con nombre, porque para la niña había debate. Pero el niño estaba destinado a tener un nombre de evangelista, en la segunda lengua materna de sus padres. Un nombre corto pero con fuerza. 

Anoche, de nuevo las estrellas hicieron su mágica aparición en esta historia. Mi madre se fue corriendo del Skype y yo no pude dormir. Por un momento parecía que iba a ser una falsa alarma. Pero las estrellas no me han mentido nunca. Y esta mañana, bien temprano, mi sobrino trajo al sol consigo. En más de un sentido. ¿Acaso no es el Sol la estrella más brillante? 

Cuento las horas para conocerlo y contar sus deditos y oler su piel y comérmelo a besos. Pero sobre todo tengo ganas de que el cachorrillo se vaya haciendo mayor para poder contarle esta historia.

De cómo una Estrella me concedió un deseo y de cómo nuestra vida no volvió a ser igual. 

Imagen: Rick Scott and Joe Orman

PD: debajo de este post hay otro nuevo. Que estaba inspirada yo hoy.