sábado, 29 de marzo de 2014

De cómo saber si estás en Alemania

De los creadores de "cómo saber si estás en Polonia", llega la edición germana. Obviando la triste historia común que ambos países tienen, lo cierto es que comparten más rasgos culturales de los que a priori se podría pensar. En cualquier caso, estoy enamorada de las dos. 

A lo que iba. Sabes que estás en Alemania si…

1. … la gente no grita

Gritar es de muy mala educación en Alemania. De ahí que tengan un amplio léxico para expresar sus sentimientos (negativos) cual consulta de un psicoanalista: se sienten irritados, enfadados, molestos, tristes, ofendidos… Pero casi nunca gritan.

2. …la gente da miedo cuando grita

Y por eso sólo está bien visto gritar en un contexto: cuando van a ver el fútbol. Los reconocerás rápido por el atuendo, por la gran conglomeración de hombres entre 30 y 50 años, por reunirse cerca de (o en) las estaciones de tren para ir a ver el partido y porque dan mucho miedo. Mucho. 

3. …la burocracia se resuelve eficientemente

Resolver papeleos es una mierda en España, en Alemania y en la China. Pero en Alemania por lo menos lo harás rápido y sin sufrimiento innecesario. Podríamos pensar que esta eficiencia se debe al cliché alemán de no perder el tiempo: pues no. Yo vivo con alemanas y sí pierden el tiempo, pero haciendo cosas que les gustan. Por eso necesitan hacer las que detestan tan rápido como puedan. Siempre cito mi experiencia en Münster, donde pude matricularme en la universidad, registrarme en el censo del ayuntamiento y abrirme una cuenta bancaria en el mismo día: quien te resuelve un asunto te explica los pasos que tienes que seguir después y te facilita la vida. Igualito que en España, vaya.

4. …no recuerdas la última vez que comiste pescado

Pues sí, como en Polonia. Pero con un matiz: en Polonia apenas hay pescado. En Alemania sencillamente es carísimo. Hice berenjenas rellenas con gambas un día y todavía me duele el dineral que pagué por una mísera bolsita de gambas congeladas. Aquí el pescado es delicatessen, producto de lujo que los alemanes adoran y atesoran y sólo compran de vez en cuando porque "un día es un día". 

5. …una de cada tres personas es vegetariana

Curioso, ¿verdad? Alemania es la tierra de las salchichas, el plato oficial de Berlín es la Currywurst y aún así no he estado en ningún otro país con un porcentaje de vegetarianos tan alto. Yo, por reventar las estadísticas, me llevo la palma: vivo en un piso con dos chicas alemanas… y vegetarianas. Por supuesto no han logrado convertirme, pero por no consumir tanta carne le estoy dando a la pasta y eso es malo. 

6. …dar la mano es la forma de saludo por defecto

Si un alemán estándar tuviera que elegir sus bienes más preciados, en general, creo que se quedaría con su coche, el agua con gas y su espacio personal. La gente joven ya está cambiando un poco, pero en principio ofrece siempre la mano para saludar a alguien y evítate sorpresas desagradables. Por supuesto, con el tiempo las relaciones mejoran y cambian. Entonces llegamos al siguiente nivel:

7. … te saludan con un palmabrazo 

Sólo los alemanes podían inventar una forma de saludo tan rara. Crees que te van a dar un abrazo. Te pasan el brazo por la espalda como si te fueran a abrazar pero no llega a haber contacto real entre los cuerpos. No estrechas a la otra persona entre tus brazos. En cambio, recibes un par de palmaditas amistosas en la espalda como si necesitaras ayuda para echar gases. Tal vez los alemanes tengan muchos problemas para echar gases. Tal vez los pobres no consiguen acostumbrarse a un saludo más mediterráneo. En cualquier caso es desagradable, raro y torpe: prefiero dar la mano.

8. …reciclan el vidrio por colores y hacen compost

En otras palabras: que no viven en una cabaña alimentada con energía solar, eólica y de la biomasa ni visten con ropa hecha de cáñamo porque no pueden. Si bien es verdad que no todos los alemanes son tan extremos en su defensa del medioambiente, sí que reciclan religiosamente toda la basura que producen. 

9. …son fans de la comida Bio

Tal vez es sólo mi entorno. Tal vez sean sólo las chicas. Pero no: siempre que voy al supermercado y me fijo en los productos agotados, son todos bio. Por supuesto, tienen un límite: lácteos y huevos siempre bio. Pan y pasta… meh, si no es bio, no es el fin del mundo. De la carne no me pronuncio por las compañeras que tengo, pero me inclino a pensar que también son fans de la biocarne.

10. …sólo ves coches chulos

Aquí parece que regalen los Mini, los Mercedes y los Volkswagen. Y no creo que sea casualidad que todo sean marcas alemanas (yo no lo sabía, pero Mini lo fabrica BMW desde el año 2000). ¿Quién los puede culpar? Fabrican buenos coches y lo saben. Aquí quienes compran coches extranjeros son los pobres. 

11. …todo tiene gas excepto la leche, el café y el té

Verdad verdadera. Una de las primeras frases que los extranjeros aprendemos a decir con propiedad en alemán es: "Ich will Wasser ohne Kohlensäure, bitte!" La parte en cursiva se enfatiza alzando la voz para que quede bien claro que nuestra agua es sin gas. Aquí todo lo que tiene gas causa furor y mi hipótesis es que los alemanes necesitan ponerle gas a las bebidas para demostrar su control sobre las mismas: ha habido un proceso previo de manipulación, le hemos hecho algo a la bebida para que se pueda consumir. La naturaleza no podrá con nosotros, mwajaja. Lo sé, contradictorio con los puntos 5, 8 y 9. Pero es sólo una hipótesis.

12. …se puede hablar de dinero pero no de salud

El segundo punto yo no lo he comprobado personalmente, pero sí os puedo decir que aquí la gente se pregunta con total naturalidad cuánto dinero ganan, cuánto gastan en el alquiler y en cualquier otra cosa. Al principio casi me lo tomé como un escrutinio por parte de quienes controlan la economía europea: ¿en qué te estás gastando tu dinero, europeo del sur indigno? Pero no: son igual de indiscretos entre ellos. Sorprendentemente está mucho peor visto preguntarle a alguien por su estado de salud; tal vez porque lo ven como un signo de debilidad. 

13. …todo el mundo practica deporte. O lo finge

Eso no significa que todos los alemanes sean atléticos, pero le dan mucha importancia al deporte. Aquí la bicicleta no es tan popular, pero la escalada es un hobby con muchos adeptos en Saarland. Casi todos te mencionarán como quien no quiere la cosa que salen a correr un par de veces por semana. Y les resulta tan importante que puede que no te admitan en un piso compartido si no eres deportista: oh, sí, me ha pasado. Todavía me extraña que mis compañeras me dejaran vivir con ellas. 

14. …los niños aprenden a montar en bici antes que a andar

Vale, es una exageración. Pero poco les falta. En cuanto aprenden a andar les regalan su primera minibicicleta sin pedales para que vayan cogiendo equilibrio: antes de entrar en el Kindergarten ya saben montar mejor que Indurain. 

15. …regalan iPhones con los cereales

O en una tómbola o en algún lugar súper secreto donde no podemos entrar los extranjeros, porque esto no es normal: el 90% de las personas que conozco en Alemania utilizan iPhone. Oh, sí, mis alumnos incluidos. Y no el iPhone 3 o el 3G, qué va: todos con iPhone 5. Con los ordenadores hay más variedad, aunque sí he visto a bastantes fans de Mac así como al menos cuatro profesores que usan iPad. De hecho, en el instituto donde trabaja Naia cada crío tiene un iPad para clase de español. Flipo.

16. …la gente se vuelve loca cuando sale el sol

Se despeja el cielo, un rayo de sol asoma entre las nubes… y a los cinco minutos tienes montada una barbacoa en el río/lago/parque más cercano, con doscientos alemanes semidesnudos boca arriba pegándose por recibir todo el sol posible. Disfrutar del buen tiempo no es una opción: es una obligación como ciudadano alemán. Todo en vano, por supuesto: siguen blancos como la leche.

17. …la gente es legal

No hay supervisores en el tranvía. En grandes ciudades apenas hay supervisores de autobús o de metro. Si tienes suerte puedes recorrer cien kilómetros antes de encontrarte con un revisor… Y aun así todo el mundo paga religiosamente el transporte público. Tampoco piratean: pagan toda la música, el cine y la literatura que consumen. De verdad.

18. …odian el Pfand

El Pfand es el depósito del envase: 25 céntimos de más que pagas cada vez que compras una bebida y que se te devuelve cuando llevas el envase de nuevo al supermercado. Una forma genial de reciclar y que los mendigos se ganen el pan (o el Pfand): en las grandes fiestas siempre hay gente recogiendo botellas. O en el tren. Porque seamos sinceros: aunque la hayas pagado, a veces te da pereza llevarte la botella a casa. Es por eso que los alemanes no están muy contentos con este sistema. 

19. …no hay más géneros musicales que el hip-hop y la música electrónica

Con un pequeñísimo espacio para los hits del momento (no te vas a poner techno en la radio mientras te duchas) y para el rock clásico. Pero todos los alemanes adoran el hip-hop y la música electrónica. En la última son pioneros. Y sobre el rap, no sé… A veces los alemanes son criaturas misteriosas. 

20. …los hombres guapos son muy guapos

Porque hombres feos y normalitos hay muchos, pero cuando un alemán quiere ser lindo es el más guapo de todos. Altos sin pasarse, pieles níveas, ojos claros, pelo del color que sea (nada más atractivo que una cabellera negra con ojos azules). Y eso se puede ver desde que son jovencitos: yo a mis alumnos les tengo amor de hermana mayor/madre/prima/tía, pero hay algunos que de mayores van a ser auténticos bombones. Dichosos quienes acaben conquistándolos.

21. …sueñan con jubilarse en Mallorca

De hecho, Mallorca es el paraíso, la tierra prometida tras años de duro trabajo. Todavía hay algunos alemanes que la llaman "España", pero cualquier día de estos Mallorca se declarará 17º estado federal de Alemania y abandonará España. Tiempo al tiempo.

22. … les encanta España

O lo que ellos creen que es España, que vienen siendo todos los tópicos y clichés habidos y por haber. Les chifla Barcelona (je, si supieran lo que la gente en Barcelona piensa de pertenecer a España… ), el sol, la playita y Andalucía. Del norte no quieren saber nada; por lo que ellos saben, ahí hace frío y llueve. Y para eso ya tienen su país.

23. …la tortilla de patata no es exótica

Aquí lo que les pone es la "paella". Sí, entre comillas, porque no tienen ni idea de lo que es una paella de verdad. Mi compañera de piso alucinó cuando le dije que no llevaba gambas. "Bueno, la de marisco sí. Pero la auténtica no". Y no le prestan mucha atención a la tortilla, especialmente desde que el Rewe empezó a vender tortillas de patata ya hechas y listas para calentar y tomar nada desdeñables.

24. …todo sabe mejor con salsas

La que sea. De lo que sea. Especialmente popular el curryketchup (aberración culinaria) en toda Alemania y la salsa Maggi en Saarland. Salsa de todo lo que puedas imaginar. En mi piso no las usan mucho, pero la locura salsera llega al punto de que no hay una sección de salsas en el supermercado: hay cuatro o cinco.

25. …sientes que estás en el Imperio de Milka

Tiene que ser una conspiración, porque si no, no me lo explico: siempre está de oferta, pero nunca en el mismo sitio. Una semana el LIDL te pone las tabletas a 70 céntimos. La semana siguiente están rebajadas en el Rewe. Sin embargo, no sientes la producción masiva de insulina siendo liberada por tu páncreas hacia tu torrente sanguíneo hasta que llegas a Edeka: 59 céntimos la tableta. Y con más variedades: he visto chocolates con los que en España sólo podemos soñar. Es imposible hacer dieta en Alemania. Imposible. Imposible...

Y podría continuar la lista infinitamente, pero así está bien. Sin embargo, me parece que mi labor aquí como mediadora cultural no consiste únicamente en combatir los tópicos sobre los españoles que mis niños todavía se creen, sino en hacer lo propio con los alemanes y cargarme algunos mitos. Aquí van dos: 

1. "Los alemanes son puntuales"

Esto… Sí, intentan ser puntuales y en general lo son. Pero NO SIEMPRE. Los trenes y buses suelen llevar algo de retraso y ni siquiera la gente es puntual para tomar café. No pasa nada. Son humanos. 

2. "Los alemanes son fríos, no muestran sus emociones"

Y un cuerno. Lo que no van a ser es falsos: no van a ser tus amigos desde el primer día. Necesitan conocerte y que los conozcas, calentarse a fuego lento. A cambio, quien tiene un amigo alemán tiene un tesoro. No dicen las cosas por decir, son sinceros y si te ofrecen ayuda lo hacen de todo corazón. Y no esperan menos de ti, así que cuidado con lo que prometes. Y claro que muestran sus emociones, pero eligen el momento y el lugar apropiado. Entre las ventajas más destacables de este tipo de comportamiento cabe destacar las relaciones laborales: no necesitas llevarte bien con alguien para trabajar bien. En España, como no seas colega de tus compañeros de trabajo te puedes morir para intentar trabajar en condiciones. 

En resumen, que bajo una apariencia estricta y desconfiada, en el fondo quieren conocerte y ser tus amigos y que les des cariño. Como los gatos :-).

martes, 18 de marzo de 2014

De cuando se me saltan las lagrimitas

Aunque no quiera aceptarlo ya estamos en marzo. Lo que significa que, a menos que me alarguen la beca, me quedan dos meses aquí. Y los mayores de la Klasse 12 terminan antes…

…a principios de abril para ser exactos.

Hoy les he llevado tortilla de patata. Sosa -tengo un serio problema con el punto de la sal- pero rica. Presentación sobre las fallas, canciones, receta con bromas, todo. Muy mi estilo. Y entonces Heidrun suelta el mazazo: "Bueno, ¿qué hacemos en las próximas dos semanas?"

¿Dos? ¿¿¿¿Dos???? ¿Dentro de dos semanas pierdo a mi primer grupo? Pues sí.

Por supuesto, planeo quedar para cenar con ellos, que para eso son mayorcitos todos. Quieren que hagamos un desayuno de "tapas" (a ver qué les hago) y que les cuente "cosas que no se puedan encontrar en Internet". Que les cuente mi vida, vaya :). En estas que una alumna me dice: "Pero para ti, ¿no es más interesante probar cosas de Alemania?"

Sonrisa. Trago saliva. "Pero es que esto no es para mí. Nunca lo fue."

Me pagan hasta el 31 de mayo para estar a su servicio. Para trabajar con ellos. Para pensar en formas creativas e interesantes para que aprendan más y mejor. Y más importante aún, que sepan utilizar lo que ya saben. Me pagan para intentar inspirarles, para que los dos mil kilómetros que separan los dos países desaparezcan y que conozcan un poco de España. Y dado que como española soy un poco rarita, no estoy segura de poder cumplir con mi misión. No hago todo lo que puedo, pero he hecho lo que creía correcto en cada momento. Y en el camino me he enamorado de todos ellos. A la chica que me hizo esa pregunta me la comería a besos. No habla mucho, pero dice muchísimo con sus ojos. Es crítica y lo cuestiona todo y cuando dice algo, cierra bocas. A veces me deja sin argumentos. A veces toda su clase me deja sin argumentos. Y eso es difícil, pero estos chavales lo consiguen.

Así que al final el brunch será internacional y cada uno llevará lo que sepa cocinar. Por lo pronto, esta niña me tiene prometido un tiramisú. 

Ni media hora después se me vuelven a humedecer los ojos, también de alegría. De mis batallas con la Klasse 10, esa que me da la vida y me la quita cuando le da la gana, ya he contado algunas cosas. El Pantera está en esa clase. Bueno, pues en mi primer día ahí me fijé en el Pantera y en dos chavales más. Y de los tres me llamó la atención lo mismo: se les da genial hablar. Luego en gramática tienen sus fallos, pero sabrían hablar en español para salvar sus vidas. 

En febrero me sentí un poco derrotada porque de esos tres sólo uno había elegido español para el año que viene… Y resulta que no.

El Pelirrojo, al que llamo cariñosamente mi Ron Weasley o Pendón Desorejado según me pille el día, ha decidido seguir con español también. Y me he enterado hoy.

Y me he echado a llorar. Así de tonta estoy. He tenido que resistirme para no abrazarlo cuando lo he visto a última hora… Ese niño es un bicho. Quiere ser profesor de Historia y de Inglés y si le dura el buen humor y el carisma, va a ser de los mejores. En nuestra corta trayectoria juntos ha conseguido que no me enfade por escuchar tacos, hacerme reír con una historia sobre comprar tangas para hombre en un centro comercial, robarme los post-it que uso para jugar con ellos, traducirme lo que yo no entiendo en alemán y traducir a los demás lo que no entienden en español. Todo eso mandando a la mierda la gramática española, por supuesto. Pero es un chaval especial, con mucha capacidad comunicativa y me enfadaba muchísimo la perspectiva de que no eligiera mi asignatura el año próximo. Eso sí, de seguridad en sí mismo va sobrado:

"¡¡Pero es que hablas muy bien en español!!" "Ya lo sé…"

Todo eso con ojos pícaros, sonrisa socarrona y pelo pelirrojo, delator inconfundible de las almas traviesas. Pero qué le vamos a hacer, los traviesos me encantan. 

"¿Es egocéntrico pensar que he tenido algo que ver?" Típica pregunta que hago yo en los servicios. "Sí, es egocéntrico pensarlo. Pero sí puede que hayas tenido algo que ver. Con la 10 sí." No sé si Heidrun lo piensa de verdad, pero me da igual. Por lo que a mí respecta, me he anotado un tanto. Es una tontería pero para mí ha sido toda una victoria. 

Y no se tienen muchas de esas. 

viernes, 7 de marzo de 2014

De la nostalgia

Esto es un secreto. Un secreto que no conoce mucha gente y que no puedo contarle a mi familia. Porque si se lo cuento, me dicen -y con algo de razón- que por qué me voy de casa siempre. Pues por todo lo demás, por qué va a ser. Pero reconozco que incluso yo siento, muy de cuando en cuando, un poquito de nostalgia.

Estoy en Frankfurt ahora mismo. En un hostel baratito, en el barrio de los puticlubs -eufemísticamente llamado Barrio Rojo. Me parto con estas cosas-, con Noelia durmiendo ya, antifaz en los ojos, nórdico hasta arriba, mientras el tiempo pasa sin que lo pueda detener.

Noelia fue mi compañera de facultad de primero a tercero de carrera, en cuarto mi compañera de piso y desde entonces es mi John Watson, mi segunda esposa, mi chocho (de Cádiz que es la niña) y parte muy importante de mi vida. ¿Sabéis todas esas historias locas de universidad que hay que vivir? Un 90% se lo debo a ella. Y a la calle Azorín, 6-5ºA de Granada.

Y Noelia ha venido a verme. Me agobio mucho cuando tengo visitas -y cuando doy clase, y cuando me cambian los planes, y cuando me gusta alguien, y cuando respiro… agonías que es una-, pero no con ella. Con ella es una de las pocas personas con las que puedo hacer lo que me apetezca sabiendo que está bien. Han sido días de turismo, de dormir mucho, de practicar alemán, de ver vídeos estúpidos, de comer muchísimo (que yo otra cosa no, pero tengo fichados los mejores sitios en Saarbrücken para comer, cenar, merendar, hacer un segundo desayuno y lo que se presente) y de patear lo que no está escrito. De ver tres ciudades en cinco días y de redescubrir Saarbrücken. Pero sobre todo, de añorar y de echar de menos. Estos días he pensado mucho en Granada.

Granada, nuestro hogar común. Vamos a ver, nací en la Perla del Turia -apelativo cariñoso con el que me llama mi madre y que considero un piropo precioso- y me encanta mi tierra natal. Pero en Granada me hice adulta y aprendí lo que significa ser libre, con todo lo bueno y lo malo que eso implica. Granada es mi casa, donde he conocido a casi todos mis amigos y donde están todavía los que más me importan -Noelia aparte, que ella está en Cádiz aprendiendo alemán y cosas útiles.

Y los echo de menos. Las bromas con una, las consultas médicas con otro. Los abrazos… El peluche que me regaló no es suficiente. Quiero achucharlos hasta romperles las costillas, quiero reconocer los olores de cada uno. Querría decirles, gritarles, que los añoro -porque añorar es una palabra preciosa-, que se pillen un vuelo de Ryanair o que hagan autoestop y que se vengan a darme amor y a cantar canciones Disney y a adaptarlas a nuestras vidas.

Y no lo hago. Porque si le dijera que lo echo de menos cada vez que lo pienso, pensaría que lo quiero. Y claro que lo quiero. Muchísimo. No de esa manera, sino de aquella otra. Porque siempre seremos Más. Porque él cambia y cambio yo, pero lo demás sigue igual.

El tiempo, que ahora me quita a Noelia, me acerca al Doctor, a mi Primera Esposa (y su actual marido) y a mi Nakama. Abril me los traerá a ellos, a Granada y a mi sobrino. Y a la vez me recordará que me quedan pocas clases con mis niños.

Tiempo, amigo mío, ¿por qué me haces esto?