martes, 21 de enero de 2014

De mi Pantera

Lo llamé "Pantera" desde el momento en que lo vi. Me bastaron dos minutos para mirar a sus ojos oscuros y decidir que era un chiquillo excepcional. Después de la primera hora de clase, mi impresión se vio confirmada: mi pequeña Pantera es un chico curioso, inteligente, con muchas inquietudes, facilidad de palabra y talento para los idiomas. Un diamante en bruto. Mi preferido. 

No es mi único preferido; tengo muchos más. Algunos darán que hablar. Otros no me preocupan lo más mínimo porque son felices con su picardía. En general todos me hacen feliz. Pero por el Pantera he derramado lágrimas.

Lo he perdido. Lo hemos perdido. Esta frase, más propia de una sala de urgencias, paciente en la camilla, el pulso ausente para siempre, me la he repetido y me la ha repetido una de mis profesoras varias veces estas semanas. Hemos perdido al Pantera. Y ni siquiera se ha escapado de la jungla. Ni siquiera alborota.

Sentado en primera fila, mira pero no escucha. Y cuando le intentas arrancar un par de frases contesta con monosílabos. Su mirada, que en los mejores días ilumina una habitación con su inteligencia -así es su brillo cuando lo quiere demostrar-, está perdida. Y en algunos momentos hasta me parece atisbar un punto de desesperación y desconcierto. 

Sabe lo que quieres de él. Lo que todos queremos de él. Pero él no tiene ni idea de lo que quiere. Y debe de tener problemas, porque conozco la expresión en su cara a fuerza de verla en la mía durante años. Conduce su moto deprisa -tanto que se ha metido en problemas- porque desea escapar. Y me juego mi mano derecha a que no sabe cómo callar la voz dentro de su cabeza que no para de hablarle. A que no sabe encontrar paz. 

Tiene una historia. Todos la tenemos. Pero a los quince años esa historia es tu historia y la única importante. Recuerdo aquellos años en mi vida y, en general, eran una mierda. Por problemas que ahora apenas recuerdo, pero que entonces eran el mundo. Y a veces resultaba difícil encontrar a alguien capaz de escuchar. Escuchar de verdad, sin adoctrinar ni juzgar, ni aconsejar. Los padres no sirven para eso. Por algo son padres. 

Ayer tuvo clase conmigo y estuvo genial. Conmigo, en general, suele responder. Pero yo no soy profesora titular y sólo estoy para lo bueno y divertido. Para los juegos y las bromas. Hoy ha tenido clase de verdad y no ha escuchado una mierda. No ha trabajado ni atendido ni ha hecho nada. Y me entristece ver ya no cómo está tirando sus notas a la basura (se va a quedar con un suficiente pudiendo sacar un notable sin matarse a estudiar), sino cómo su luz se apaga. 

¿Qué hago con él? Y no es una pregunta retórica: ¿qué coño hago con él? ¿Debería intentar hablarle o se irá más lejos? ¿Se puede escuchar a alguien que no desea hablar? ¿O me olvido de todo esto porque sólo es trabajo? ¿Cómo evito echarme a llorar en el viaje de vuelta a casa de pura impotencia? ¿Cómo hago que me deje de importar? ¿Hay alguien aquí, comentarista habitual o no, que pueda aconsejarme? Adoro a ese niño, le tengo un cariño infinito porque me recuerda muchísimo a mí y esto me está destrozando. Os invito a todos a hablar, porque yo no sé qué hacer. 

10 comentarios:

  1. Ufff, Babilonia....Te tiene pilladísima!! Y no hablo de buenorreces ni chorradas superficiales, que este post se nota que no va de eso. Va de que si no fuera por la diferencia de edad, diría que eso es amor con todas las letras.
    A mi me ha pasado alguna vez, pero no era su profe mayor, sólo era una amiga o una compañera de clase, y lo que hice fue acercarme muuuuy despacito. Un día era traerle un recorte de revista con un artículo de su grupo favorito. "Me acordé de que te gustan". Otro pasarle sin que los pidiera los apuntes de la última clase, "porque te he visto en la luna casi todo el tiempo, ¿Qué tiempo hace en tu Luna?"
    Otro, sentarte en el banco en el que está emparrado solo y sacar rosquilletas. "¿Quieres?" No sé, yo hacía cosas de esas, pero después del ¿Quieres? no preguntaba ¿Qué te pasa? No preguntaba nada, sólo estaba allí un rato a su lado, y a veces era él el que se arrancaba a hablar.
    Si fuera más mayor podrías abordarlo más directamente, pero tan jovencito, es lo que dices, huiría despavorido.
    En cualquier caso, sé que es una lástima, pero al final, el también tiene que darse cuenta de que estás intentando ayudarlo, porque si no pone nada de nada de su parte....A lo mejor es que no es tan especial como crees y sólo es un chico más, con andares de Pantera.
    Besos, guapa, espero haberte ayudado algo...Ya me dirás como te va.

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    1. Hola, niña,

      a ver, lo quiero mucho… casi como hermano o hijo. Así que sí se puede decir que es amor, supongo. Y no por él; por casi todos. Su clase es mi preferida, la mayoría son estupendos y los quiero un mundo. Pero él me encanta.

      El problema es que tengo poco margen de maniobra, no paso mucho tiempo en el instituto. Y casi siempre en la sala de profesores. Probaré a ofrecerle almendras en la pausa, a ver :P.

      Y sí, es especial. Pero la criatura tiene una historia familiar bastante mala. Cuando habla, hace preguntas muy interesantes. Es un chiquillo desconfiado, también. A veces se acerca y luego retrocede dos pasos porque no quiere involucrarse mucho. Sé que va a ser un hombre genial. Pero me jode que sufra. A ver qué se puede hacer. Gracias por los consejos. Besos,

      Cristina

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  2. mi chico con sus teorías sistémicas y autopoieticas y la de mi madre te diría que no puedes forzar a un sistema a cambiar porque eso puede hacerlo el sistema por sí mismo cuando él mismo quiera, pero puede influirlo desde fuera sutilmente, puedes hacerle pensar y la única forma es hacerlo con preguntas que le hagan tener que pensar (del tipo "tú qué crees sobre esto?"), creo que se llaman preguntas circulares, pero ahora estoy completamente fuera del elemento.

    mi idea, que no está probada, así que no sé cómo funcionaría, sería sentarme con él en un banco a comer galletas y hablar de pelis/libros/juegos/motos etc. hasta que decida abrirse. pero claro, el escenario es también un poco difícil de conseguir... O.o

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    1. Hola, Cris,

      pues mira, lo de las preguntas también lo había pensado. Además, ahora han dado el condicional, así que ya tiene más libertad para hablar en español, jeme :). Tengo un par de ideas en mente que van por ese camino, a ver si funciona. No es sólo en mi clase; su tutora dice que está pasando por una mala fase… Espero que se le pase pronto. Muchas gracias, niña. Un abrazo,

      Cristina

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    2. Apoyo la moción de Cris! Galletas, rosquilletas, Tigretones...La cuestión es sentártelo y zampar juntos. La conversación fluye cuando la mandíbula se activa!

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    3. Hummm… probaré con los frutos secos que llevo para no desmayarme :P Vida sana, lo siento. A ver si resulta :)

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  3. Yo creo que nada puede hacer cambiar a alguien si esa persona no quiere cambiar, salvo si se produce un giro importante en algo o alguien que le importa. Por lo menos, eso es lo que pasa en mi caso con un familiar cercano a mí. Es desesperante, pero a todo el mundo que he consultado me ha dicho lo mismo, o la voluntad sale de esa persona o no hay nada que hacer.

    Pero, en este caso, yo creo que quizá sea exagerar un poco porque tu Pantera es muy joven y a esa edad todo cambia de un día para el otro (por suerte), y mañana puede empezar a interesarse por algo que hoy le da igual. Esperemos que se dé cuenta a tiempo. ¡Ánimo!

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    1. Hola :),

      totalmente de acuerdo. A mí con mi familia me pasa igual. Pero suelo pensar que eso es porque son más mayores que yo y que a alguien más joven todavía se le puede salvar o echar una mano. Tienes razón al decir que no, que tienen que buscar la mano. Y sobre todo al decir que mi Pantera es jovencito. Todo pasa y sé que saldrá adelante. Pero me gustaría poder ayudarle. A ver si consigo algo. Muchas gracias por los ánimos. Un abrazo,

      Cristina

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    2. Mira por donde lo que acabo de ver, y me ha encantado.
      http://www.youtube.com/watch?v=h11u3vtcpaY&feature=youtu.be

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    3. Lo acabo de ver y la verdad, mola mucho. Si todo el mundo lo hiciera yo no tendría trabajo ahora mismo, pero es interesante. De todas formas, creo que sí es posible aplicar esa forma de aprendizaje en las escuelas modernas. Y no es sólo cuestión de cambiar la ley y la mentalidad del profesorado (desde que trabajo en dos institutos puedo apreciar con mayor detalle cuánta creatividad hay detrás de cada ejercicio: mis profesores no usan el libro todo el tiempo), sino de infraestructura: grupos más pequeños, más profesores, más escuelas. Y si hay ordenadores es un plus, pero si yo tuviera que elegir entre instalar más ordenadores en un instituto o bien pagar el sueldo de unos cuantos profesores más para poder atender mejor a los alumnos, me quedo con lo segundo. Ojalá algún día todos los críos del mundo sean como este chaval: felices, y deseando seguir siendo felices en el futuro. Muchas gracias por enseñármelo. Un abrazo,

      Cristina

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!