domingo, 22 de diciembre de 2013

De por qué iría a la cárcel si no fuera una cobarde sin medios

Atención: este post es considerablemente más largo que la mayoría y además contiene tacos. Tengo moderación de comentarios y no dudaré en usarla si algún comentario me parece ofensivo, insultante, maleducado o sencillamente no me gusta que además de llevarme la contraria lo hagan con faltas de ortografía. Avisados quedan.

Esto, si esperáis un poco, es una entrada sobre el aborto. Porque sí, ya era hora de ir metiendo mis curiosos y ateos dedos en algunas llagas y porque el vivir tres meses en un país civilizado y trabajador te vuelve productivo, inmune al frío y además te recuerda que no tienes el derecho, sino el deber de indignarte cuando te intentan mangonear. Especialmente cuando lo hace el gobierno que trabaja para ti. 

Para quien no lo sepa, recientemente el gobierno de España, actualmente perteneciente al Partido Popular, ha aprobado una nueva ley referente al aborto que no solo vuelve a la ley de supuestos de 1985 (malformación del feto, riesgo para la madre y violación), sino que suprime el primero de estos supuestos. Básicamente, que si vas a tener un niño con espina bífida (por mencionar solo una de las pocas malformaciones que pueden hacerle la vida muy complicada a una criatura), lo tienes y te aguantas. 

Todo el mundo tiene una opinión sobre el aborto. Puede ser políticamente correcta o no. Puede gustarte tu propia opinión o no. Puede que te dé miedo, incluso. A mí no me gusta mi opinión sobre el aborto porque estoy en contra. En el sentido de que yo jamás abortaría. Y es aquí donde me traiciona mi halo de superioridad moral, dado que no tengo ningún deseo de confraternizar con nadie, lo que consecuentemente hace harto improbable que me vaya a quedar encinta a menos que sea por inmaculada concepción. Además, que me encantan los niños y me gustaría adoptar, así que si las circunstancias se produjeran y acabara embarazada... Pues salvo que fuera por violación, no me plantearía en principio interrumpir mi embarazo.

Eso lo haría yo. Yo mí me conmigo en mi mente, cuerpo y circunstancias. Pero no puedo hablar por las otras mujeres de mi país ni mucho menos imponerles mi criterio. ¿Quién soy yo para juzgar si fulanita usa o no usa condón? ¿O para decidir si puede o no puede afrontar psicológica y económicamente el tener un bebé que va a tener graves problemas de salud durante toda su vida? Ahora no recuerdo exactamente qué malformación era, pero es que la naturaleza cuando quiere es muy cabrona: las hay incluso que suponen una muerte segura (de 100%, de te mueres sí o sí o sí) para el niño (ahora sí, porque ya ha nacido) en sus primeros tres años de vida. De puta madre. Así que gestas a una criatura durante cuarenta semanas (casi diez meses, no nueve), le coges un cariño inmenso desde antes de la primera ecografía... Y te enteras de que esa criaturita que ya tiene nombre, apellidos y veinte babis que ya han tenido a bien de regalarle sus abuelos y tíos no va a llegar a cursar la escuela primaria. Y no solo eso, sino que vas a tener que verlo nacer y morir.

No, eso no está bien. Ponédmelo como queráis. ¿Religión? ¿En serio? ¿Pero qué dios puede ser tan miserable de traer a un ser a este mundo a morirse sufriendo y antes de tener uso de razón? Y pasando de dioses, ¿qué madre o padre quiere ver a su criaturita así? Ya es una pérdida inmensa, desde el momento en que te enteras de algo así, saber que tu niño o niña no va a vivir, como para encima tener que acompañarlo en su sufrimiento y perpetuarlo. Ahí el aborto es amor. Y también, si se me permite, algo de defensa propia, porque no son pocas las madres que no vuelven a levantar cabeza cuando pierden a un hijo. 

Comentaba antes que yo estoy en contra y lo estoy de la misma manera en que los antiguos griegos estaban en contra del matrimonio (preferían a los otros griegos que a las griegas, qué le vamos a hacer): el aborto es un mal necesario. 

En un mundo no perfecto, pero sí mejor que el que tenemos, no habría roles masculinos ni femeninos que emular y que imitar para ser considerado "normal". Si eres chica te gusta jugar a las muñecas, si eres chico te gustan el fútbol y los coches. Niñas de rosa y niños de azul. Las niñas son unas histéricas que lloran y se quejan y son dulces, sensiiiibles, tieeernas (ejem, pasivas, dóciles, sumisas, ángeles del hogar, manipulables, guapas, princesas, bonitas, necias, ignorantes, infantiles, ¿sigo?) y los niños son deportistas, valientes, fuertes y listos (ejem, qué tos, activos, con iniciativa, aventureros, de mundo, líderes, inteligentes, astutos, guapos, maduros, que saben cómo se hacen las cosas). En este mundo tampoco se justificarían las violaciones con frases como "se lo estaba buscando", "va provocando" y "si no quiere que la violen que no vaya vestida de puta". De nuevo, seamos egoístas. Con esas frases no solo estás demostrando el poco respeto que te merece una mujer, sino que también te estás llamando a ti mismo un animal incapaz de razonar y contener sus impulsos ante la presencia de "carne fresca, ¡ñam!" Pero oye, tú mismo. Desde luego, si crees que una chica está pidiendo que se la follen solo por llevar falda corta (a lo mejor se siente más cómoda a sí, tal vez simplemente le gusta cómo le queda... métete en tus asuntos), sí eres un animal. Y uno bastante cortito, además, porque el cerebro animal es lo suficientemente sofisticado como para saber cuándo su hembra está en celo. Que me lo pregunten a mí que tuve que tragarme varios celos de mi gata, con sus lloros lastimosos pidiendo macho y sus restregones por todas partes. 

Volviendo a este mundo mejor en el que no habría roles, tampoco habría religiones represivas que se empeñaran en meter el océano en un agujero en la playa. Si alguna persona conservadora con poder (jueces, políticos, curas, obispos, papas) empezó a leer este post y todavía sigue, he aquí un secreto: Señorías, los chavales han follado, están follando y van a follar, les parezca bien a ustedes, a su dios o a sus padres. Consentidamente y con más o menos acierto, pero lo van a hacer. Así que, ya que no podemos ponerles un cinturón de castidad a ellas y un cerrojo en el pito a ellos para que se estén quietecitos con sus partes, ¿por qué no les damos las herramientas necesarias para que disfruten de su sexualidad sin complejos, sin hacerse daño a sí mismos y sin hacerle daño a nadie? No es tan complicado, de verdad. Principalmente, porque el cuerpo se diseñó (o lo diseñó su dios) para gozar. Y a un chaval o a una chavala, a menos que le metas en la cabeza desde pequeño que tiene que avergonzarse de experimentar con su cuerpo, eso le parece una obviedad. El instinto es darse gusto, para eso está ahí. Para reproducirse también, claro que sí. Pero señores, si a los doce años estamos todos de acuerdo en que NO están desarrollados ni física ni psicológicamente para reproducirse y aún así les pica... ¿no es posible que esa NO sea toda su funcionalidad, sino que sirva a un propósito más noble como es la autosatisfacción y el placer, palabras tan sonoras como escalofriantes para algunos?

En este mundo mejor, por tanto, los chavales no solo disfrutarían mucho más de su sexualidad, libres de tabúes y etiquetas que los repriman, y no solo sabrían que tienen que usar condón, sino que entenderían por qué. Entenderían por qué se deben ese respeto a sí mismos y a su pareja. Entenderían por qué es importante respetar a la otra persona. Y los chavales no creo que follaran más, pero definitivamente lo harían mucho mejor. Y el mundo sería un lugar mucho más satisfecho y feliz, pero sobre todo respetuoso. 

En este mundo, también, sólo se producirían abortos por riesgo para la madre o por malformaciones en el feto. Porque en una sociedad respetuosa y donde la igualdad es un valor real no habría violadores y porque los embarazos no deseados apenas existirían. Así pues, la tasa de abortos dentro del resto de embarazos, deseados todos, sería única y exclusivamente debida a problemas de salud. 

Pero no estamos en ese mundo. Estamos en un mundo en el que digan lo que digan, la mujer sigue siendo vulnerable. En el que trabajamos igual (o más, porque muchas siguen llevando también la casa), cobramos menos y no se nos reconoce una mierda. En el que si te quedas en casa cuidando de tus hijos eres una mantenida vaga, si trabajas fuera eres una egoísta, si además eres la jefa eres mandona y ambiciosa, en el que si no llevas maquillaje eres una dejada y una marimacho, si vas muy maquillada y arreglada una puta y una presumida, si no te acuestas con alguien, monja, si lo haces sin protección idiota, si te tomas la píldora puta y si abortas eres satán. Y además se asume como normal el derecho a aplicar estas y otras muchas etiquetas en público y hasta a hacer chistes con ellas. YA ESTÁ BIEN. 

Y en este mundo es una mierda ser madre a los dieciséis. Es una mierda tener a una criatura que no vas a poder mantener. Es una mierda tener a un bebé que no quieres. Y un bebé no debería ser un castigo, sino un regalo. Yo voy a ser tía en abril y jolines, en casa nos morimos todos de ganas por verlo y conocerlo (va a ser un chico, por cierto) y por contarle cosas y por darle amor. Así habría de ser tu llegada al mundo, no un motivo de preocupación ni una desgracia. Por supuesto, lo preferible sería que esos embarazos no se llegaran a producir, pero ya hemos dejado claro que eso no va a dejar de pasar solo porque prohíbas abortar. Es más, ni siquiera se van a reducir los abortos: simplemente van a ser peligrosos. Y esa pobre chiquilla de dieciséis años, que muy probablemente ni siquiera sabía lo que hacía porque nadie se molestó en hablar sinceramente con ella sobre sexo y en internet leen lo que leen, tal vez aborte de una manera mal hecha, chapucera, que impida que con treinta años, ahora ya preparada, pueda ser madre. Esa es la primera consecuencia que va a tener la nueva ley del aborto: que los abortos sean tan ilegales como la marihuana. ¿Se consume marihuana en España? Sabemos que sí. Pues con los abortos va a ser igual. Va a volver la escena de Dirty Dancing en la que se practicarán abortos con perchas o, en el mejor de los casos y si te lo puedes permitir, el viaje a Londres en el que te han hecho una apendicitis. 

Llegué a España hace menos de dos días y esto me ha puesto mala. Y si tuviera la posibilidad real de encontrarme con Gallardón sin guardaespaldas, y si tuviera los medios y la oportunidad y el coraje para hacerle daño... En este momento sí, lo haría. Ni siquiera lo mataría: lo castraba. Como poco sería un justo ojo por ojo, o más bien pene por coño, porque nadie se pone a legislar sobre lo que el señor Gallardón puede o no puede hacer con sus órganos genitales. Mientras que, sin haberle hecho yo nada a este hombre, él sí tiene el poder, la autoridad, la legalidad (que no la legitimidad, no se confundan) y la poca vergüenza de legislar sobre los míos. 

Y hablando de leyes se me ocurre la ley Mordaza y me pregunto si por este post podrían encerrarme por ir contra España y atentar contra el honor de los políticos... Bueno, por si no nos vemos, felices fiestas. 

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