viernes, 13 de diciembre de 2013

De mis doscientos niños

No he calculado el número exacto, pero tengo aproximadamente doscientos alumnos y alumnas. Y en general, son todos estupendos. Sólo hay dos que no trago, y no porque no quiera. En el fondo son buenos chicos, pero mientras sigan alborotando a toda la clase, y aunque le pongo mucha voluntad, no puedo cogerles cariño.

Ya me sé casi todos los nombres de muchas clases gracias a las maravillosas fichas que les pedí y que, aunque a regañadientes, me están entregando. Algunas son auténticas obras de arte llenas de colores y fotos. Otras están hechas de cualquier manera en un momento -no es por generalizar, pero suelen ser las de los chicos. Pero bueno, le han dedicado algo de rato a hacerla y con eso me basta.

Tengo dos institutos y en los dos tengo clases maravillosas que me tienen enamorada. Tanto, que no quiero cambiar de horario para no perdérmelos. Una 10, MI 10, y una 8. Aquí tengo que explicarme un poco más...

El Gymnasium, que es lo más parecido a un instituto que hay en Alemania, va desde la Klasse 5 a la Klasse 12. En la 12 ya tienen 18 años y hacen el Abitur (la selectividad). Así pues, echando cuentas, la Klasse 10 suele tener entre 15 y  16 años y la 8, entre 13 y 14.

Así, a grosso modo, ha sido mi semana:

Alumnas de la 10 que escriben cómo conocieron a sus novios en una pregunta de examen, chiquillos de la 8 que me saludan veinte veces, que me desean Feliz Navidad dándome la mano y que preguntan inquietos si seguiré dándoles clase a partir de enero. Y más chavales de la 10, que me encuentro en el bus por casualidad y me sonríen de oreja a oreja aunque ya no estemos en clase y ninguno gane nada con el gesto. Y las niñas de la 9, que me la intentan colar con nombres obscenos en un juego. Y niñas de la 12 que por fin me dan las fichas. Y esta semana no he tenido a la 9 demoníaca-maligna y sí a la 9 superstar, que se lo saben todo, todo y todo. Y alumnos de mi 10, porque está la 10 y mi 10, que se me portan fatal y me ponen triste, y más cuando me entero de algunas historias.

Y si no estuviera moralmente prohibido los abrazaría a todos hasta ahogarlos. Porque yo, que nunca he tenido hermanos pequeños y siempre he soñado con tenerlos, me he encontrado de repente con doscientas personitas estupendas que, salvo excepciones, me escuchan e intentan aprender algo de mí. Si este año está siendo genial, Cristo, Naia y Sarah aparte, es por ellos. Por ellos da igual todo.

Plagaría el blog con anécdotas, pero mucho me temo que a menudo solo las entendería yo. Y tengo que volver. Y contar cosas de mi nuevo piso, al que me mudo en enero. Y de mi sueldo y de Berlín y de muchas, muchas otras historias que serán contadas en otro momento.

O eso espero :)

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