sábado, 14 de septiembre de 2013

De príncipes, zorros, escorpiones y ranas

Formas de entender el mundo hay tantas como personas en él. Puedes parecerte a alguien en las cosas sencillas, como los gustos musicales, o en las más importantes, como la política o la religión. Pero los matices pueden marcar la diferencia, y mucho. 

A Marta y a mí nos gusta leer y escribir. Escribir juntas en La Qarmita con un trozo de tarta terciopelo rojo, pasándonos páginas, cada una con su música absorta en su mundo pero compartiéndolo a la vez con esa mesa y esa tarta y ese té. Nos gusta la repostería, las bromas de Friends, las librerías de segunda mano, las películas Disney, acostarnos y levantarnos tardísimo, los juegos que estimulan la imaginación... 

...pero ella ve el mundo en escorpiones y ranas. Y yo en zorros y principitos. 

Para quien no conozca la fábula del escorpión y la rana, reza lo siguiente:

Había una vez una rana sentada en la orilla de un río, cuando se le acercó un escorpión que le dijo: 
—Amiga rana, necesito cruzar el río. ¿Podrías llevarme en tu espalda? 
—No. Si te llevo en mi espalda, me picarás y me matarás. 
—No seas tonta —le respondió entonces el escorpión—. Si te picase, me hundiría contigo y me ahogaría. 
Ante esta respuesta, la rana accedió. El escorpión se colocó sobre la espalda de la rana y empezaron a cruzar el río. Cuando habían llegado a la mitad del trayecto, el escorpión picó a la rana. La rana, al sentir picotazo y darse cuenta de que iba a morir, le preguntó al escorpión: 
—¿Por qué me has picado, escorpión? ¿No te das cuenta de que tú también vas a morir? 
A lo que el escorpión respondió: 
Lo siento, rana. Es mi naturaleza, no lo pude evitar.
(fuente: Wikipedia)


Según la fábula, no se puede cambiar la propia naturaleza. Se es como se es y punto, aunque se sepa que se va a acabar mal. Yo, por el contrario, elegí a Saint-Exupéry como maestro. Es un poco largo, pero aquí está. Hablando con alguien del tema, me dijo que no debía sentirme como el zorro. No pudo estar más equivocado. Yo siempre me siento Principito. Buscando a alguien, cuidando de alguien. Dándole sentido a las personas de mi vida. 

Pero sobre todas las cosas, el Principito busca serenidad y control sobre sí mismo. Y amigos de verdad, conocerlos de verdad. El zorro supone para él un desafío, pero también su mayor recompensa. 

Es, en suma, una visión más optimista. Pero hoy creo en ranas y escorpiones. Alguna vez he sido escorpión, naturalmente. Solo que la fábula habla muy poco de la naturaleza de la rana. ¿Aceptará siempre? ¿Las otras ranas que hayan presenciado lo ocurrido transportarán al siguiente escorpión? ¿Y si su picadura no hubiese sido mortal? ¿Lo volvería a ayudar?

El ser humano tropieza dos (millones de) veces con la misma piedra. Y a menudo con la misma persona. En mi papel de Principito he aprendido que no se puede domesticar al zorro a cualquier precio.  Si el zorro te hiere una vez, puede ser por miedo. Si lo hace dos, porque puede. Si lo hace tres, porque tú quieres y lo consientes. La primera puede ser culpa de las circunstancias, la segunda de él mismo y la tercera mía. No sé cuántas llevo ya con esta persona; el instinto me pide que huya. Y huir es para mí un verbo muy noble en ciertas circunstancias.

Me pide que me acurruque bajo las sábanas y que les permita enjugar mis lágrimas. Que ponga el despertador temprano, haga lo que tengo que hacer y me vaya a cualquier sitio, a salvo. Que no pida ayuda, pero que no siga más y que no me acerque más a esa persona porque ahora mismo no hay nada que pueda hacer. Me dice que en una semana me esperan otros lugares con otras gentes y el beatífico cielo nublado para desvanecer mis penas un tiempo. Me recuerda que la sangre no siempre es más espesa que el agua y que yo no pertenezco aquí. Que jamás perteneceré a ningún lugar. Solo a aquellos zorros y rosas que domestique y que lleve conmigo. 

A la gente que no sabe amar (en plan pareja) sin perder la dignidad ni el amor propio se le debería hacer una lobotomía o administrarle la eutanasia antes de que destruya a la gente que sí estará con ellos para siempre aunque se hagan daño con el aguijón una y otra vez. Por el bien común. 

2 comentarios:

  1. Hay tantas formas de entender el mundo como maneras de interpretar los cuentos.
    Con el de la rana y el escorpión me pasa lo mismo que a ti, que no me lo creo por falta de rigor. Si el escorpión pica por ser como es, la rana no ha de dejar que nadie suba en su chepa por la misma razón (a no ser que exista una "rana de carga", que no creo...). Puede que el creador del cuento quiera dar a entender que es peligroso intentar ser lo que no eres, en este caso una balsa. Así que se puede interpretar que es la rana la que pone en peligro a los dos.
    Y el del principito y el zorro no lo conocía, pero no me ha gustado el tono. Eso de que un animal pida ser domesticado me da la sensación de tener un punto denigrante. Me gusta más la otra expresión dada en el cuento: crear lazos. Domesticar significa, a mi parecer, que un animal superior hace cambiar la conducta a otro inferior y salvaje para poder convivir juntos; en cambio crear lazos respeta la personalidad del otro animal para encontrar puntos comunes. Tampoco me gusta la palabra "necesitar" en ese contexto. Necesitar, también a mi parecer, es resultar imprescindible, y no creo que nadie lo sea para nadie. Aunque encuentro este cuento más positivo que el anterior, hay frases que me chirrían y no me acaban de convencer.

    Incluso las prioridades de cada uno pueden ser muy diferentes. La música puede hacer cambiar mi estado de ánimo, la religión y la política ya no.

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    1. Hola,

      Bastante de acuerdo con lo que dices, salvo en la palabra domesticar. En "El Principito" se le da otro significado. Más que domesticar yo diría "acostumbrar". Acostumbrarse a algo, a una persona, requiere tiempo y esfuerzo por ambas partes. Creo que el zorro se refería a eso. No pide que lo dobleguen; pide que lo acostumbren a tener compañía, que se acerquen a él con sinceridad y con intención de quedarse.

      Pero también es que a mí me gusta mucho "El Principito" y quizá por eso se me nuble el juicio :). Un abrazo.

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!