domingo, 11 de agosto de 2013

De la confesión de un asesinato ("Esto es demasiado personal", vol.1)

No importa cuántas veces te lo diga, ni cómo, ni cuándo. Sé que me escuchas, pero mis palabras no llegan a tus oídos. O quizá dices que me escuchas y simplemente oyes, intentando encontrar en lo que te digo la confirmación de la idea que ya tienes formada de mí. No puedo culparte; me conoces desde hace mucho. Me conoces desde que era solo un parásito, un tumor, un cáncer en continua multiplicación dentro de ti. No debiste tenerme, y lo digo con objetividad. Por las dos. Para la vida que estamos teniendo, lo cierto es que no debimos nacer ni tú ni yo. Ni tantas otras personas. 

Pero aquí estamos y sin querer me he hecho más o menos mayor. Y estúpida e impaciente. Te miro y veo mi futuro en ti; sé que seré como tú y es el peor de mis temores. Me niego. Me niego a dejar que me maltraten como han hecho contigo. A que me utilicen. A que me digan toda la vida lo que he de hacer. A vivir para los demás. Bueno. Lo primero fue parte de mi infancia; lo segundo, lo tercero y lo cuarto es de rabiosa actualidad. Sarna con gusto no pica, ¿verdad? Eso nos hemos acostumbrado a pensar, iguales y diplomáticas como somos. Mentira. Yo soy diplomática ahora. Cuando me haga mayor como tú, subirá el pan cada vez que hable. También temo ese momento.

Me pusiste en un altar hace mucho tiempo. Un altar maravilloso y dorado, del que me bajas para darme brillo como si fuera tu muñeca. Como si siempre supieras lo que es mejor. Como si tuvieras razón. Me intentas cambiar de ropa y de ideas y de peinado y de forma de ser como si te perteneciera mientras gritas a los cuatro vientos que siempre me has dejado obrar a mi antojo. Mentiras y más mentiras. Si he hecho lo que he querido, me ha costado mucha rebeldía y remordimiento, como si al desobedecerte estuviera pecando contra un cielo que no existe pero hacia el que me inculcaste temor. Eso siempre se te dio bien, volverme cobarde. Tener miedo a la gente, a los hombres, al alcohol, al sexo, a la vida. A veces me pregunto de dónde saqué fuerzas para desafiarte... Supongo que, muy en el fondo, todos tenemos algo de temperamento oculto. Tú jamás lo tuviste. 

Te miro y en mis momentos más cínicos y crueles veo a una consumidora de recursos del universo. Yo también seré una. Un trozo de carne anciana e inútil. No obstante, espero ser útil para mí. Buscar y encontrar placer en las cosas que disfruto y vivir por mí, en vez de mendigar el cariño de otros. Quizá la vejez nos hace más susceptibles a la soledad o más dependientes, pero tú has sido así toda tu vida. Y mientras éramos pequeñas estuvo bien. Ahora todas hemos crecido y, como buenos pájaros que han aprendido a volar, nos marchamos. Jamás me perdonarás que me fuera tan joven. Cuando mueras, sé que yo tampoco me lo perdonaré. Bueno, para eso hay terapia. 

Y vienes y te sientas en la cama, sin que te haya invitado a entrar. Parloteas sobre el gato de la vecina, quieres saber lo que hablamos anoche cuando no estabas -hablamos de ti, por cierto-, quieres que te hable, que te cuente cosas, mientras te comes un melocotón. Y sabes cuánto detesto, estúpidas manías mías, que la gente coma fruta en mi habitación. Y sabes que charlar por charlar no es lo mío. ¿Qué quieres que me invente, joder? Hemos pasado todo el día juntas, y anoche no hice nada y tú tampoco. ¿Qué historia fascinante sobre mí quieres que te cuente? La excusa de que estoy poco en casa no me vale; mi vida es mía y detesto que me hagas sentir culpable por reclamarla. 

Me he callado. Y te has ido. Y sé que te he matado un poco con ese silencio. Pero es que no importa cómo te lo diga porque no quieres entenderlo. Porque, en tus propias palabras, eres muy mayor para cambiar. Y yo soy muy joven para convertirme en la razón para vivir de nadie. Y ahora tengo tu sangre en mis manos de una herida que no te matará hoy, pero que poco a poco te va matando la poca alma que te queda. ¿Debería educar mi paciencia y mi compasión? ¿Debería vivir por ti estos dos meses? Lo he intentado alguna vez, pero entonces pasó algo muy extraño. Que me empecé a matar yo. 

Y mi primitivo instinto de supervivencia se rebeló en tu contra. Y ya no sé qué hacer. 

8 comentarios:

  1. Uff, impactante. Tienes razón, cuando quieres puedes llegar a unos niveles de dramatismo inusitados. Pero me ha gustado. De hecho cualquier escrito que me emocione me encanta y, además, este lo encuentro formidablemente redactado (para mis humildes conocimientos, claro).

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    1. Mazcota: no sé si lo consideras dramático por la metáfora o por lo mala hija que soy a veces, pero te doy la razón. Me alegro de que te haya gustado. Un saludo,

      Cristina

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    2. Gracias por darme la razón, pero te la das tu misma porque, anteriormente, yo te la daba a ti.
      No, ahora en serio. Te decía lo de dramatismo no por la metáfora, que también, sino por la barbaridad de sentimientos expresados. Rencor, ira, sufrimiento, etc. Vamos, una colección de pasiones concentradas (en una escena tan sencilla como que una madre entre en el cuarto de su hija para hablar un rato) que le has dado un enfoque altamente melodramático (ojo, a mi parecer).
      Y lo de mala hija... ¿se puede saber por qué?¿por irte de casa cuando pudiste? Bah, todo es relativo.
      Según me han contado, los holandeses, tienen la costumbre de emancipar a sus hijos al cumplir los dieciséis años. ¡Allí serias una hija modelo!
      Así que ya sabes. Le pones a tu madre unos papeles (en perfecto neerlandés) delante de las narices, para nacionalizarla, y le dices que los necesitas firmados urgentemente para una beca y tal.
      Es un plan infalible.
      Si no te convence siempre puedes llevar a cabo ese sádico plan tuyo, pero ya sabes.... que parezca un accidente. Aunque si te pillan no te preocupes, podemos culpar a Samael por inculcarte malas influencias con ese tal Freud.

      Saludos.

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    3. Ay, Mazcota, si tú supieras todo lo que hay detrás, pensarías que me quedo corta. Es complicado.

      Pierde cuidado. Y también Samael. He tenido mis razones para matar (no a mi madre, por suerte) y, aunque no me lo explico, me he contenido. (Sobre-)vivirá en paz. Saludos.

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  2. El hecho de que alguien se preocupe y tema ser como alguien, significa que no es así, y que se cuidará de serlo. Eso creo que me lo dijiste tú misma alguna vez hablando de mi padre (¡y ahora ha vuelto a perseguirte!)
    Eres una mujer fuerte e independiente, y aunque se te olvide un poco que lo eres al volver a casa (porque todos nos sentimos corrompidos por el fantasma de nuestra adolescencia al volver a casa), será poner un solo pie fuera de ella y te acordarás. Y viajarás fuera y tendrás aventuras y no vivirás para nadie, sino para ti, pero como eres una persona genial, el resto de la gente se te pegará como lapitas como hemos ido haciendo todos estos años para darte un poquito de amor, que no mendigas, sino que te damos porque queremos contribuir a eso de que seas feliz :)

    Te queremos, palito de cangrejo. Para ti puedes ser lo que quieras, pero para mucha gente eres una fuente de amor inagotable, comprensión y una paciencia que, teniendo en cuenta que me has tenido que escuchar a mí, hercúlea.

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    1. Y tú eres un auténtico encanto y te adoro y ojalá la poligamia fuese legal en España para poder casarme contigo y con Noelia. Llaverito también puede unirse, no soy celosa :).

      Supongo que tienes razón (en parte, que me pones muy por las nubes). Pero cuando pierdo la paciencia con mi madre me siento Hitler. Y no "Hitler" como me llamáis vosotros con cariño (quien lea esto...), sino de verdad. En fin. Un abrazo enorme, renacuaja. Te quiero un mundo.

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  3. Espero que no te moleste que vea en tu relato una espléndida forma de expresar algo tan viejo como la misma humanidad: el enfrentamiento entre vástagos y progenitores. Llega un momento en que los padres reclaman la atención de los hijos con todas la características de una firme exigencia. Como si la atención que ellos han dado anteriormente fuera simplemente un préstamo. Y no debe verse así, pero así lo ven. Grandes mitos de la humanidad representan este enfrentamiento, hasta que al final, se produce lo que los freudianos expresan como la necesidad de matar al padre. Metafóricamente claro, pero indispensable para el propio desarrollo. Según los mismos freudianos de antes.
    Hay que ver este Freud, ¿eh?

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    1. ¡Anda! Hola, Samael :-)

      Hombre, no tengo por costumbre analizar mis textos desde el prisma freudiano, pero visto así tiene bastante sentido. Lo peor es sentirte como si fueras Satán porque... ¡yo quiero a mi madre, de verdad que sí! En cualquier caso, la sangre no llegó al río. Sé bienvenido y siéntete libre de merodear y comentar cuanto gustes, que me hace mucha ilu :) Un saludo,

      Cristina

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!