jueves, 11 de julio de 2013

Del océano condensado en un par de ojos. O de cómo volví a pensar

No me traje el diario ordinario a Polonia porque pensé que todas las divagaciones posibles en este viaje serían sobre la protagonista total y absoluta, Polonia. Craso error. Y esto no tiene cabida en el diario de viaje.

Los días están siendo largos y las noches cortas. La rutina, agotadora. Clases por la mañana y a veces por la tarde. Para colmo, hoy ha llovido. "¿Pero a qué te creías que venías?", pregunta Alvar. "De vacaciones, obviamente". Y lo sigo pensando. Estudiar el idioma es un plus. Y que conste que cumplo.

Esta noche (noche, a las ocho de la tarde... es un decir) hemos ido a la caza de polacos para practicar el idioma a un pub del centro de Lublin. Era un grupo pequeño, gente agradable. Con una cerveza y más tiempo libre, podría haber sido mi ambiente, pero no el de mi acompañante. Así que acordamos mentalmente que pronto volveríamos a la residencia... Hasta que aparecieron los ojos más bonitos que he visto en mucho tiempo. 

Piel nívea, pelo de carbón y dos aguamarinas por ojos. Y lindo. Y hablaba que daba gusto oírlo. Y era simpático. Y yo...

...yo no supe qué hacer. Nunca lo sé. Mi poco vocabulario polaco eligió ese momento para irse de fiesta por libre, no sabía para dónde mirar y acabé pareciendo más idiota que de costumbre. No porque sea idiota, sino porque me cuesta un poco la gente. Un mucho cuando mi cabeza está pensando en adorarlo, conocer toda su historia, admirarlo durante horas, y cosas menos castas y más perversas que omitiré porque este es un blog de bien. 

Fue menos de una hora, pero no importó. Me sentí imbécil. Y volví a pensar. 

Pensé en que nunca me libraré de esta clase de pensamientos, en que volverá a pasar. En que siempre vuelve a pasar, sencillamente porque sigo siendo persona. Pensé en la sabia decisión que tomé hace tiempo de no querer estar con nadie y en lo que detesto no poder controlar mi mente lo suficiente. Pensé en lo torpe e idiota que resulto siempre en esta clase de situaciones. La torpeza de los primeros pasos puede ser adorable a veces en cachorros y cosas lindas, pero en una adulta de veintidós años resulta triste y patético. Como lo de no saber montar en bici. Nunca me ha importado mucho no saber montar, pero toda la gente a la que se lo cuento me habla del tema como si me estuviese perdiendo algo importante. Hablan del mismo modo cuando digo que no quiero estar con nadie. En gran parte porque es perjudicial para la mujer, en parte porque no sé y en parte porque es prescindible y no compensa el beneficio por el suplicio. 

Seguí pensando hasta perder la perspectiva. La encontré junto a un "Mañana será otro día y ahora no pienses más". Así que antes de que se me vuelva a escapar, me voy a la cama. En parte me alegra darle vueltas a las cosas por mí y no por otra persona, pero ahora solo quiero unas vacaciones tranquilas. Y que el mayor motivo de mi desasosiego sea no lograr aprender suficiente polaco. 

4 comentarios:

  1. Pues me alegro del olvido de tu diario si ello ha propiciado esta entrada. Que le vamos a hacer, me gustan los escritos sobre pensamientos y que, además, hacen pensar al lector.
    Y no te preocupes, todos tenemos encuentros bochornosos con el sexo opuesto en nuestro haber. Ahora, eso sí, lo de montar en bici no tiene perdón de Dios, y menos en un país nórdico (por cierto, ¿hay tanta afición a las bicis en Polonia como en Holanda o Suecia?). Nahh, es broma. Mi trauma es no haber podido hacer rodar una peonza en mi vida y duermo perfectamente todas las noches.
    Disfruta y aprende (aunque sea a montar en bici), tú que puedes.

    Saludos.

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  2. Ay, Mazcota, no te preocupes que lo comprendo. Todos somos un poco así con los blogs que nos gustan: nos encanta saber lo que pasa dentro. Sin embargo, yo prefiero dejar las entradas más personales para el papel precisamente porque son eso, personales. Íntimas. Pero si escribo es porque me aclara la cabeza un poco y a falta de papel... Pues el blog. Me alegro de que te haya gustado.

    Lo mío con el sexo opuesto es un hábito ya. Para mí los hombres son aliens. Y prefiero que lo sigan siendo, la verdad sea dicha. En cuanto a lo de la bicicleta... No terminé de aprender de pequeña y mi hermana no me enseñó. Lo intentó después, cuando tenía 19 años y me fui a vivir a Münster, Alemania, durante diez meses. No lo consiguió: mi hermana mayor es una docente pésima. Y sí, doy fe de que en Polonia hay afición a las bicis pero no tanta como en Holanda o en Alemania, donde es brutal.

    Yo también duermo bien sin saber montar, pero sé que me pierdo mucho. Entre otras cosas, un medio de transporte genialoso para no depender de los autobuses ni de los coches. Si lo lamento es por razones pragmáticas más que por otra cosa. Aunque, para qué lo voy a negar, la imagen de montar en una damen con flores en la cesta es tan bonita, que solo por eso valdría la pena aprender. Ya veremos.

    Aquí, por el momento, estoy bastante ocupada aprendiendo polaco. Y comiendo patatas y pan y mantequilla. A ver si saco tiempo a la vuelta para ponerme al día con tu blog, hijo. Que no me olvido :). Un saludo,

    Cristina

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  3. Me encanta tu blog.

    Acabo de descubrirlo y ya me he bebido varias entradas del tirón, pero esta es la que más me ha gustado: porque no sabes montar en bici y yo medio-aprendí casi con 20 (ahora tengo 32 y aún no sé muy bien); por la inteligencia que se adivina entre tus palabras; por esa inseguridad y timidez hacia "la gente"; por tus reflexiones sobre las relaciones de pareja -y eso que yo tengo pareja ahora y estoy muy feliz, pero en el fondo-fondo siempre sigo pensando eso mismo, que un hombre es perjudicial a la larga, que yo quizá nací para estar sola porque es la idea que me había hecho de mí después de todo, y porque tengo un miedo grande a terminar como Sylvia Plath o Zenobia Camprubí.

    Yo, como ves, además de tímida e insegura a ratos, y a mi edad, también soy contradictoria a veces. Vamos, un regalito. Por eso me sorprenden tanto los gestos amables de otras personas hacia mí, y por eso, también, me sorprende identificarme tanto con esta entrada tuya, aunque en realidad no tenga mucho que ver con mi yo presente, pero sí con alguna yo pasada y, quién sabe, si futura.

    Saludos y te sigo desde ahora. :)

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    1. ¡Hola! Bienvenida.

      Muchísimas gracias por leerme, me alegro un montón de que te guste; especialmente porque este blog lo he intentado preparar un poco mejor y escribir con más cabeza y... Bueno, me hace mucha ilusión de que haya gente a la que le guste tanto como me gusta a mí a veces.

      Ay, lo de la bici es tema aparte. Pronto habrá noticias al respecto. Tranquila, que para terminar como Sylvia Plath una tiene que haber sufrido durante toda su vida muchísimo, un poco como Virginia Woolf: mentes tan geniales que no pudieron con su propia existencia. Creo que toda mujer cuerda en algún momento ha tenido pánico de la idea de enamorarse, por todo lo que supone (casi todo desventajas) para nosotras. Las más valientes (no diré si las más sabias o no) deciden arriesgarse. Y a mí el masoquismo me va mucho, pero me parece un vicio pernicioso que tengo que abandonar. Así que viviré muchos tormentosos y exagerados dramas, pero ninguno por un hombre. No lo merecen.

      También creo que ser contradictorio es sano y necesario para poder cambiar: ser coherente en todo momento implica no poder cambiar de opinión ni de manera de ser, lo que nos convertiría en seres humanos primitivos y odiosos. Abracemos las contradicciones que nos dejan avanzar. Y las que no... Bueno, seguro que no son tan graves :) . Espero volver a leerte por aquí. Un saludo,

      Cristina

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!