jueves, 6 de junio de 2013

De las puertas que se cierran y las ventanas que se abren



Me han denegado el auxiliar de conversación. Esa beca es para dar clases de fonética y cultura española en un colegio o instituto extranjero. No pagan mucho, pero te da un año semisabático de adquirir una nueva perspectiva sobre lo que quieres o no quieres hacer cuando has acabado la carrera. Hablando claro, era mi tabla de salvación. Bueno, estas cosas pasan. 

Poco después M. me decía que me habían concedido la beca de verano para estudiar tres semanas en... Lublin, Polonia.  Debería haber dado botes por toda la habitación, pero la herida del auxiliar de conversación seguía doliendo, así que estaba más desconcertada que emocionada. Por suerte, el entusiasmo poco a poco se apoderó de mí y empecé a buscar billetes de avión. 

Voy derecha al paro. Pero la pensión la cobras hasta los veinticinco. Pero en casa estaré deprimida. Puedes buscar trabajo cerca. No hay. Te va a ir bien. Voy a acabar igual. No vas a acabar igual; sabes idiomas. Menos mal que no te hice caso y no estudié filología francesa. ¿Por qué? Porque habría acabado aún peor. Bueno, ya que te vas... busca trabajo ahí. Ya, también lo había pensado. ¡Pues ya está! Ya... Te dejo. 

En entradas anteriores mencionaba que ese era mi plan B, de hecho. Si no me daban el auxiliar, buscar trabajo en Polonia. Lo que nadie supo ver es que lo decía con el mismo tono de voz con el digo: "Cuando tenga una hija, la llamaré Helena Eleuteria". Y lo digo de corazón, pero dudo muchísimo que llegue a tener hijos. Quiero adoptar, pero es difícil. Bueno, pues con el plan B es lo mismo: una cosa es decirlo y otra hacerlo. En otras palabras, que estoy cagada de miedo. Y cuándo no. 

Siguiendo con las metáforas escatológicas y las referencias a películas que tan poco uso aquí pero que tan idiosincrásicas me son en la vida real, y parafraseando a Sandra Oh en Bajo el sol de la Toscana, "no es momento de cagarse". Así que la parte cuerda-adulta-soñadora-feliz de mi persona se ha impuesto y ha dicho que ya está bien. Que me vaya a Polonia. Que vaya unos días antes a Varsovia a buscar trabajo si es necesario. Que no me agobie en estas últimas semanas. Que me divierta, que me relaje. Y que el tiempo dirá.

Como también me preocupo a veces por la vida de los demás, le pregunté a Noelia si ella había tenido más suerte que yo. "Qué va. No salgo en las listas". "Ya, ni yo". "Tú sales en la de reservas, que te he visto". ¿Qué?

Pues sí. Lo he comprobado. Si veintinueve personas renuncian, me la dan. Vamos, que no me la van a dar; pero la parte neurótica-infantiloide-pesimista de mi persona se ha quedado mucho más tranquila. Quizá porque estar en reserva simplemente significa que, de haber más plazas, me la habrían dado seguro. Por absurdo que resulte, alivia. 

Pero ya me da igual. Elijo aceptar que no puedo controlarlo todo. Tengo 22 años, mi título universitario a punto de tramitar y gente lo bastante pesada para no dejarme por imposible. Y vodka en el armario, así que me voy a dar un homenaje privado y a celebrar que hoy y ahora respiro, y que si en un mes sigo respirando, estaré en Polonia. Esta noche no quiero saber nada más.

4 comentarios:

  1. La vida es esto: decepciones aderezadas con oportunidades.
    Es curioso, en la anterior entrada estabas dispuesta a hacer todo lo posible por visitar Polonia y ahora hasta parece que te sabe mal ir.
    Supongo que mucha gente ya te lo habrá comentado, pero no puedo dejar de pensar que vivimos en un país donde el mayor ingreso proviene del turismo. Y saber idiomas es indispensable (hasta la fecha) para comunicarse con ellos. El sector servicios seguro que demanda recepcionistas, guías, traductores y demás faenas que requieren idiomas.
    Yo, siendo transportista y conociendo como conozco Barcelona, siempre he pensado que podría ser un estupendo guía, pero no hablo idiomas y es una lástima. No te imaginas la ingente cantidad de turistas que llegan cada día, vía cruceros, por aquí.
    Con esto quiero decir que puedes tener más puertas abiertas de lo que crees, solo es saber detectarlas.

    P.D.: por cierto, ¿M?. ¿Te hablas con la jefa de James Bond?. Eso si que son buenos contactos....

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  2. Sándor Márai es de Hungría. Quiero ir a Budapest. Y a Polonia voy por tercera vez ;). Las tres veces, becada por el gobierno polaco para estudiar el idioma; las dos primeras veces a Varsovia, ciudad que adoro, y ahora a Lublin, en la que estuve unas pocas horas y que también me gusta. Si te aburres puedes leer mis impresiones sobre mi segundo viaje, que fue en febrero de este año, en las entradas de finales de febrero y principios de marzo. Disfrútalas :).

    Para ser guía, aparte de pedirte la diplomatura/grado superior de Turismo (no de Traducción) o incluso Historia del Arte, hay que tener mucha suerte: no hay oferta. Y por otra parte, no quiero quedarme en España ni aunque me la regalen. Por principios, más que nada. Nah, si a mí realmente me gusta mucho ponerme en modo dramático extremo un par de días, pero luego se me pasa. Es mi proceso. Horroroso para mis nervios y para mi madre, eso sí. Ella quiere que me quede, pero... Aunque pudiera, no me quedaría. El párrafo delirante, el tercero, es un diálogo casi textual que tuve con mi madre el mismo día en que me enteré de todo esto. Horas después, a punto de entrar en clase... de polaco precisamente.

    Lo que nos lleva a M. :). M. es mi profesor de polaco, una persona con una energía apabullante que motiva muchísimo a sus estudiantes. También es un enamorado de su país que no para de hacerle promoción y que siempre nos busca becas para que nos vayamos a Polonia. Por él he conseguido las tres becas. Tiene un nombre muy bonito, pero empecé llamándole M. en el blog, no sé muy bien por qué. Me consta que lee el blog; en las entradas de "Moja Warszawa" puedes encontrar comentarios firmados por él, que tampoco ha revelado su nombre.

    No es el único caso, si te fijas. Creo que alguna vez he mencionado a mi hermana MD (no tanto por privacidad sino porque tiene un nombre largo y feo de narices). Aunque aquí creo que se puede intuir el desgraciado nombre que le puso mi madre. Hablando de nombres, me sorprende que no te haya asustado lo de "Helena Eleuteria"...

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    1. Jop, vaya confusión. Esto me pasa por intentar escribir a estas horas.
      La idea de ser guía era de forma intrusiva y lúdica, por supuesto. Una idea alocada que a veces se me ha pasado por la cabeza es montar rutas en bici, moto o a pie para visitar Barcelona. Lugares poco conocidos y no frecuentados por turistas. Vamos, nada serio y muy poco realista, pero tan descabellado que hasta es posible que tuviera salida.

      ¿Helena Eleuteria? Era justamente el nombre que tenía pensado para mi quinta hija. Eso sí, te ha faltado añadirle "de Todos los Santos".

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    2. No te preocupes, a mí a veces me pasa. Confundo mucho Marbella y Marsella, ¿no podían distinguirse un poco?

      Pues sí, Helena Eleuteria. Y si es niño, Alejandro Arístides. Parece que no, pero todo tiene su razón de ser. Quizá algún día hable de los nombres de mi vida. Y deja a los santos tranquilo, hijo, que con la que está cayendo bastante trabajo tienen.

      Si alguna vez te haces guía de Barcelona, avisa. Que desgraciadamente, todavía no he podido ver en condiciones la ciudad condal. A veces creo que me la tiene jurada...

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!