lunes, 27 de mayo de 2013

De la semana sin Facebook... y sin series

El masoquismo no conoce límites. Es la única explicación que se me ocurre para entender por qué me castigué a mí misma una semana sin Facebook y sin ver series de televisión en Internet. Concretamente en Series.ly.

Claro que sé por qué lo hice. Porque me estaba perdiendo cara a la pantalla, anestesiada por House o por Anatomía de Grey sin formar parte activa del mundo. Ya no de mi vida, sino del mundo. En cierto modo, era como estar encarcelada y a nadie le gusta que lo encierren. Necesitaba despertar y desintoxicarme. Aunque reconozco que elegí muy mala semana para hacerlo, porque Noelia estuvo conmigo del 17 al 22 de mayo.

Noelia fue, como ya he comentado en alguna ocasión, mi compañera de piso el año pasado y una de las pocas personas con las que me plantearía volver a compartir techo. Es difícil encontrar a alguien con cuyas rarezas encajes y que a la vez tolere las tuyas: Noelia y yo tenemos eso. Lo genial de tener de visita a alguien con quien tienes confianza plena es que la tienes para todo: hemos estado bastante rato a la nuestra, ella con el ordenador y yo leyendo, o al revés. Lo malo es... precisamente eso. 

A veces Noelia estaba viendo una serie y yo mientras me moría de ganas por dentro de hacer lo mismo.   Y eso que solo me prohibí ver las series en una página concreta; me quedaba YouTube. Pero aun así, fui una niña buena y me resistí. Solo veía algún capítulo de Arthur, la serie de dibujos, para quitarme el mono. 

Aun así, Noelia me proporcionaba bastante distracción, así que fue bastante fácil cumplir el desafío hasta el miércoles, día en que Noelia volvió a Cádiz. El día y medio restante fue una tortura, os lo aseguro. 

Podía ponerme películas y lo hice, pero su poder anestésico no era tan grande. Y además las había visto todas. No podía leer porque me era imposible concentrarme, no podía escribir. No podía apenas pensar. Tenía una voz martilleando en mi cabeza todo el rato y no se quería callar. Es el peligro de poner el mundo a tu alrededor en silencio: corres el riesgo de escucharte. Y no gustarte nada lo que oyes. 

Aun así, sobreviví a la semana. Ya sabía que vivir sin FB era posible, así que no lo eché mucho de menos. Pero lo de las series fue una tortura china. Ahí van mis consejos para quien quiera hacer limpieza espiritual y desconectar de Internet unos días:

1. Asegúrate de que el clima y la compañía acompañen: Lo mejor que se puede hacer con el tiempo libre es pasear, pero si está lloviendo y/o tus amigos no son muy de salir y tú eres como yo, lo vas a usar de excusa para quedarte en casa amargado. Elige una semana soleada y con buena cartelera. 

Y 2. Mantén las manos ocupadas. Fumando no, por favor: Especialmente recomendable para mentes nerviosas como la mía que necesitan tener los sentidos distraídos para no perderse en los propios fantasmas. Haz punto de cruz, yoga, sudokus, salta a la comba, cocina, lee, escribe, juega al fútbol. Y si tienes buena compañía a tu alrededor, úsala. Para lo que quieras, ahí ya no me meto.

Sin embargo, ahora estoy haciendo limpieza espiritual forzada: se me ha estropeado Internet en el piso. Alegría. Mientras tanto, sobrevivo en mi cafetería preferida con wi-fi y en el piso me limito a leer. Lo que está muy bien, porque pronto habrá entrada literaria. 

Esto es todo por el momento. Querría haber escrito antes sobre este tema, ya que concluí la semana de castigo el viernes, pero ese día sentí la necesidad de hablar de otra cosa y luego me quedé sin Internet. Pero como se suele decir, más vale tarde que nunca. Aunque tampoco creo que esto sirva de mucho en primer lugar. Qué más da. 

2 comentarios:

  1. Ya ves para que sirve la penitencia, te castigas con una semana y los dioses te premian con una prórroga de 2 días.
    Es cierto que hay gente que no levanta cabeza de las pantallas. Los ves deambular por la calle y no sabes si esquivarlos, ayudarles a cruzar el semáforo o, simplemente, sacrificarlos (es broma). Por suerte o por desgracia ya tengo una edad y aún recuerdo lo que era la vida sin móvil ni internet. Puede que, precisamente por eso, sea capaz de prescindir de ellos.
    Dicen que uno no valora lo que tiene hasta que lo pierde, pues en mi caso ni lo deseo. No tengo facebook, ni twitter, ni smartphone y estoy la mar de contento. Para mí, al contrario que mucha gente, "vida" es no tenerlos.

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  2. Por fortuna no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo aguante: vuelvo a tener conexión.

    Debo admitir que, aunque delante del ordenador sí puedo ser un poco adicta, al móvil no le hago tanto caso salvo cuando mi hermana me manda un aluvión de WhatsApps y me toca armarme de paciencia. Y nunca he sido fan de Twitter.

    Pero estoy cien por cien de acuerdo contigo: vida es no tenerlos.

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!