jueves, 25 de abril de 2013

Del sistema solar


"Tú y yo fuimos dos asteroides perdidos en el universo que chocaron. 

Mentira. Tú chocaste conmigo. Me golpeaste tan fuerte que te sentí parte de mí. Te creí parte de mí.

Te creí estrella. Y me convertí en tu satélite. Y reflejando tu luz brillé apenas un segundo, pero recordaré ese segundo para siempre. Estúpida de mí, no advertí en que eras una estrella fugaz. Fiel a tu naturaleza, te fuiste y me quedé sin estrella por la que brillar.

Deambulé sola por el espacio, mirando otras estrellas a lo lejos. Ninguna era como tú. Aquello no me gustó, y a punto estuve de caer en un agujero negro y extinguirme -no ser más, cesar, detenerme. 

Pero vivo. Pronto vino el oxígeno, y el agua, y entré en la órbita de una estrella a la que ignoro, que está lo bastante lejos para iluminarme sin quemarme, para no poseerme sin enfriarme. Y surgió la vida, y me hice planeta. 

Tú también eres planeta, en algún lugar. En otro universo del que espero no saber nada nunca. 

Empezamos siendo masas de piedra inertes y ahora somos Vida. Debería ser feliz con el cambio, fue un buen trato y salí ganando. Y aun así...

Aun así, años después del Apocalipsis, con un nuevo génesis y una nueva historia, una sombra de tu recuerdo bastan para sacarme de mi órbita. ¿Por qué ahora? ¿Por qué hoy? ¿Se acerca acaso un nuevo fin?

Qué va. Es solo que te añoro. Y ni siquiera te añoro a ti. Añoro el quererte. Añoro el respirar por ti. Y no porque lo merecieras -no mereciste ni una sola de las lágrimas que derramé por ti-, sino porque le dabas sentido a mi vida. Porque tu existencia le daba un sentido a la mía. Porque consumir oxígeno valía la pena si tú estabas ahí. Porque quererte se convirtió en mi propósito y mi misión. Darte todo el amor que no tuviste. Protegerte, cual guerrera que custodia un tesoro, para que nadie te hiciera daño jamás. 

Pero por si no lo entiendes aún, voy a contarte un secreto. Porque debes saberlo y porque necesito entenderlo: tú no importas nada. Podría haber sido otro y no tú. Podría haber sido una persona distinta. Con la perspectiva de los años, sé que eras idiota. Tanto como lo era yo. Éramos asteroides. O en cualquier caso, cuerpos sin forma definida. Te di mucha importancia, pero no eras tú, ni tu esencia. Fue el sentimiento, desnudo de complementos, sin ti y sin mí para contaminarlo. Eso es lo que añoro. Eso que si no fue amor -dudo que a ciertas edades se pueda sentir tal cosa-, se le parecía mucho. 

Solo lo he visto de lejos, pero al final te montaste un buen planeta. Cuida de él, no contamines mucho. Espero que lo compartas y que te vaya bien. También espero cumplir algún día mi promesa. 

No vuelvas jamás."

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!