lunes, 29 de abril de 2013

Del día del Libro y del librero: un post con retraso


Tenía planeado escribir el día del Libro sobre eso mismo. No obstante, me dio la vena romántica y escribí sobre C. Qué narices, no es tan importante. Carlos, escribí sobre Carlos y sobre mí. La verdad es que en una semana pasan muchas cosas y tengo un par de proyectos interesantes en marcha que me hacen mucha ilusión. Sin embargo, creo que es imperdonable dejar de hablar del día del libro, aunque sea tarde. Del libro y del librero.

Porque para mí, la profesión del librero es noble, hermosa y muy necesaria. El gusto por leer suele venir acompañado por cierta experiencia: uno suele saber lo que quiere cuando entra en la librería. O por lo menos, lo que le gusta. ¿Pero qué pasa si no lo sabes? Un buen librero tiene que tener alma de lingüista, curiosidad de explorador, gusto literario rico y variado y algo de vidente para saber qué le puede gustar al cliente. Yo he conocido libreros así. Y de ellos os voy a hablar, porque han influido en mis libros de este año. 

Mi primera librera fue Beatriz, que trabaja en la librería Picasso. El año pasado, me acerqué a ella muy seria y le dije: "Recomiéndame un libro". En mi cabeza, sonó igual que el "Dessine-moi un mouton!" del Principito. Una petición infantil y absurda para el resto del mundo, pero que para el Principito y para mí tenía mucho sentido. Gracias a Beatriz, aquel año conocí a Stefan Zweig y a quien se ha convertido en uno de mis amores platónicos: Sándor Márai. 

Estaba generosa ese año, así que fui a la Tagore, donde Enrique (Henry, inglés residente en Granada desde hace 17 años) me recomendó Justine, el primer libro de la tetralogía de Alejandría. Aún no lo he acabado, para qué lo voy a negar. Pero estoy muy enamorada de Balthazar. Y aunque sea por Balthazar, sé que terminaré esos libros. Me gusta lo extraño, a fin de cuentas.

De Zbigniew ya hablé en entradas anteriores, y de Mrożek, y de lo mucho que me gusta este autor. Principalmente, porque escribe en un formato muy poco apreciado en el mercado español: el relato. A mí me encantan los relatos. Debería suponerlo, ya que me encanta escribirlos; pero tuve que leer al gran Mrożek para descubrir cuánto me gusta leerlos. Y, sin desmerecer a Mrożek, tanto o más mérito tuvo el librero que me lo recomendó. 

Este año, para no faltar a la tradición, fui a la Picasso. Ya tenía algunos títulos en mente. Algo de Sándor, por supuesto; Rana, de Mo Yan (recomendación del Cronista, ya hablaré de él en otra ocasión); Gramática de la Fantasía, de Gianni Rodari, uno de mis autores de cuentos preferidos, y algo de Mrożek, que al final acabó siendo La vida difícil. Dejé un hueco para la recomendación de Beatriz. 

Tuve que ir a la Picasso de niños, porque ahora Beatriz trabaja ahí. La pobre ya está harta de verme, así que esperé pacientemente a que acabara con unos clientes mientras sentía la tentación de comprarme La verdad sobre la vieja Carola, de Carmen Pacheco. Es para niños, vale, pero... ¡es Carmen Pacheco! Ese argumento no significa nada para mi madre, así que dejé el libro donde estaba. En esto, apareció Beatriz: "¿Puedo ayudarte en algo?", sonriente; ya conocía la respuesta. "Sí... Que me recomiendes un libro". "¿Para quién es esta vez?" "Para mí". 

Y así, acabé comprándome también Los enamoramientos, de Javier Marías. He ninguneado a este autor durante años por una razón ridícula: su apellido. No me gusta, qué le vamos a hacer. Pero si Beatriz y Pérez-Reverte dicen que es buen escritor, será verdad. Ya comentaré mis impresiones.

Se me iba un poco el presupuesto, así que, sintiéndolo en el alma, Sándor se quedó en las estanterías mirándome con ojos suplicantes. "Volveré a por ti este fin de semana", decía mi mirada lastimera. "Cuando haya cobrado y mi madre no se entere", como si de una relación prohibida se tratase. 

Y así fue como me lleve un italiano, un polaco, un italiano y un español a casa, con un clavel rojo de regalo. Al húngaro lo rescaté el viernes y protagonizó aventuras con el pimiento amarillo y la salsa india. Pero esa es otra historia y será contada, o no, en otra ocasión.

Espero que hayáis tenido un día del libro fantástico. Os dejo con un dicho de mi tierra: "Els llibres són mestres que no renyen i amics que no demanen"/"Los libros son maestros que no riñen y amigos que no piden". 

jueves, 25 de abril de 2013

Del sistema solar


"Tú y yo fuimos dos asteroides perdidos en el universo que chocaron. 

Mentira. Tú chocaste conmigo. Me golpeaste tan fuerte que te sentí parte de mí. Te creí parte de mí.

Te creí estrella. Y me convertí en tu satélite. Y reflejando tu luz brillé apenas un segundo, pero recordaré ese segundo para siempre. Estúpida de mí, no advertí en que eras una estrella fugaz. Fiel a tu naturaleza, te fuiste y me quedé sin estrella por la que brillar.

Deambulé sola por el espacio, mirando otras estrellas a lo lejos. Ninguna era como tú. Aquello no me gustó, y a punto estuve de caer en un agujero negro y extinguirme -no ser más, cesar, detenerme. 

Pero vivo. Pronto vino el oxígeno, y el agua, y entré en la órbita de una estrella a la que ignoro, que está lo bastante lejos para iluminarme sin quemarme, para no poseerme sin enfriarme. Y surgió la vida, y me hice planeta. 

Tú también eres planeta, en algún lugar. En otro universo del que espero no saber nada nunca. 

Empezamos siendo masas de piedra inertes y ahora somos Vida. Debería ser feliz con el cambio, fue un buen trato y salí ganando. Y aun así...

Aun así, años después del Apocalipsis, con un nuevo génesis y una nueva historia, una sombra de tu recuerdo bastan para sacarme de mi órbita. ¿Por qué ahora? ¿Por qué hoy? ¿Se acerca acaso un nuevo fin?

Qué va. Es solo que te añoro. Y ni siquiera te añoro a ti. Añoro el quererte. Añoro el respirar por ti. Y no porque lo merecieras -no mereciste ni una sola de las lágrimas que derramé por ti-, sino porque le dabas sentido a mi vida. Porque tu existencia le daba un sentido a la mía. Porque consumir oxígeno valía la pena si tú estabas ahí. Porque quererte se convirtió en mi propósito y mi misión. Darte todo el amor que no tuviste. Protegerte, cual guerrera que custodia un tesoro, para que nadie te hiciera daño jamás. 

Pero por si no lo entiendes aún, voy a contarte un secreto. Porque debes saberlo y porque necesito entenderlo: tú no importas nada. Podría haber sido otro y no tú. Podría haber sido una persona distinta. Con la perspectiva de los años, sé que eras idiota. Tanto como lo era yo. Éramos asteroides. O en cualquier caso, cuerpos sin forma definida. Te di mucha importancia, pero no eras tú, ni tu esencia. Fue el sentimiento, desnudo de complementos, sin ti y sin mí para contaminarlo. Eso es lo que añoro. Eso que si no fue amor -dudo que a ciertas edades se pueda sentir tal cosa-, se le parecía mucho. 

Solo lo he visto de lejos, pero al final te montaste un buen planeta. Cuida de él, no contamines mucho. Espero que lo compartas y que te vaya bien. También espero cumplir algún día mi promesa. 

No vuelvas jamás."

lunes, 15 de abril de 2013

De mi Granada: una de promoción



Escribo esta entrada por dos razones. La primera, para no dejar tanto tiempo sin escribir. En cuanto termine un libro, tengo en mente una entrada sobre un autor que me gusta mucho. La segunda, porque este fin de semana una amiga ha venido de visita y por ello he recorrido a fondo esta ciudad que tanto me ha dado y me parece una ocasión excelente para promocionarla un poco.

Si estáis pensando en visitar Granada próximamente, os recomiendo encarecidamente que os hagáis con un bono turístico de tres días para recorrer la ciudad. Cuesta 33.50 euros y es una tarjeta muy cómoda de usar que os permitirá visitar los monumentos y museos más emblemáticos de la ciudad. Entrada a la Alhambra incluida, sin hacer cola. No os toméis ese tema a la ligera: comprar entrada para la Alhambra es infernal. 

Dicho esto, ¿qué recomienda esta granadina adoptiva para visitar en vuestro viaje?

1. Alhambra y Generalife

Era obvio, ¿no? Pero para visitar los palacios nazaríes tenéis horario. Mi consejo: id por la mañana temprano e invertid el resto de la mañana en visitar la alcazaba y el generalife. Llevad calzado cómodo, crema de sol y algo para picar, porque acabaréis teniendo hambre. Y bebed agua en abundancia. Disfrutad, sacad fotos y tomáoslo con calma. Os llevará entre tres y cinco horas visitar todo el recinto.

2. Parque de las Ciencias

Mi amigo Dámaso casi me mata por no ir antes. No quería ir porque soy de Valencia, pero venía en el bono. Y aunque no pude recorrerlo a fondo, vale mucho la pena. No os perdáis la exhibición de aves rapaces, es espectacular. Reservadle todo el tiempo que podáis.

3. Catedral y Capilla Real

Las pongo juntas porque están una al lado de la otra y se pueden recorrer en dos horas sin problemas. En la catedral no os olvidéis de visitar la sacristía, donde está la Inmaculada de Alonso Cano (una belleza). En la capilla real, podéis ver la tumba y los objetos personales de los Reyes Católicos. Seguramente os asaltará alguna gitana en la entrada ofreciéndoos una ramita de romero: HUID. Después, os sugiero que vayáis a la cercana plaza Bibrambla y os toméis un helado en Tiggiani. O, si queréis desayunar, que os acerquéis a la plaza de la Romanilla. Junto a la catedral encontraréis un mercado de especias con mucho encanto.

4. Paseo de los Tristes y Albaicin

Recorrer la carrera del Darro desde plaza Nueva hasta el paseo de los Tristes es un auténtico placer del que no debéis privaros. Id cuando no haga mucho calor y tened cuidado con los coches. Sacad fotos y cuando lleguéis al paseo de los Tristes, deteneos un momento para contemplar la Alhambra desde abajo. Luego, subid la cuesta del Chapiz (con calma) y buscad el mirador de san Nicolás. Recuperad el aliento y sacad fotos. Muchas. Recorred el resto del Albaicin a vuestro gusto.

5. Monasterio de san Jerónimo y hotel Los Jerónimos. Plaza de la universidad

El monasterio de san Jerónimo está en pleno centro y se puede visitar en un rato. Muy recomendable. Después, acercaos al hotel Los Jerónimos que está justo enfrente y subid a la cafetería del quinto piso. Pillad mesa, pedíos un cóctel y disfrutad de las vistas. Yo recomiendo el sex on the beach. Después, podéis subir por la calle San Juan de Dios hasta ver la Iglesia de este mismo santo, girar a la derecha pr la calle san Jerónimo y ver la iglesia del Perpétuo Socorro y la plaza de la Universidad, con la facultad de Derecho.

6. Tapas y té

Solo con esto se podrían escribir dos o tres entradas. Simplificando, para tapas: Chantarela, Manila, Rincón de Rodri, Bubión, Bella Kurva. Buscadlos por Internet. ¿Calle Navas? Para los turistas. Vosotros no. Para té, Alfaguara (cara, pero lo vale) o La Qarmita (librería-café maravillosa).

Y me dejo mil cosas en el tintero, pero con esto cubro lo básico. Espero que disfrutéis de mi segunda ciudad y que volváis. Sin embargo, no puedo escribir sobre Granada sin citar las inmortales palabras de Francisco de Icaza:

"Dale limosna, mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada."