sábado, 30 de marzo de 2013

Del principio del fin: futuro, espera que ahora voy


Cuando creé el blog me propuse contar cosas diferentes de un modo distinto al que lo había hecho antes. En blogs anteriores me dedicaba a quejarme cual adolescente nihilista y necia y a lloriquear con un par de entradas ligeramente interesantes. En este, en cambio, quería ofrecer cierto contenido, bien estructurado y ceñirme a él. Pido perdón a los merodeadores habituales y os invito a abandonar el blog ipso facto, porque no creo ser capaz de mantener el nivel hoy. 

Estoy en quinto año de carrera. De una carrera de cuatro años: estoy estudiando un año más por la especialidad de interpretación. Estudio a quinientos kilómetros de mi ciudad natal, en un piso de alquiler. Mi madre es viuda y yo no he trabajado en mi vida. Ah, y este año no he tenido beca. Tengo todavía unos ahorros que me permiten poder estudiar fuera de casa desahogadamente, pero como habréis deducido, este quinto año me está saliendo caro a muchos niveles.

"Pero no importa, porque es tu sueño", dijo mi madre con toda su buena intención, ignorando cuantísimo me revienta esa palabra. Sueño. No, mamá. Sueño por las noches; a veces cosas bonitas, otras cosas muy raras y las que menos, pesadillas. Pero mi madre se refería al significado más peliculero de la palabra, al proyecto de vida, al camino planeado de antemano para llegar a un destino. A ese modo de vida tan arraigado en nuestros días, desgraciadamente, que nos sigue intentando convencer de que es más importante llegar que simplemente ir. "Sueño" era el puerto de destino, el lugar al que había de llevarme la travesía de mi vida. Como si solo pudiera atracar en un lugar. Como si solo pudiera llegar a un sitio. 

Yo creía en Sueño de joven. Cuando tenía seis años, Sueño era ser la reina del mundo, ir a Harvard, estudiar medicina y curar todas las enfermedades del mundo a la vez que era madre. No había marido. Con once, era ser cirujana, madre, esposa y guapa (sí, patético). Con catorce, todo lo anterior, más novelista de éxito. Con quince no quería niños, pero lo quería a Él (este me lo guardo para otro día). Y quería ser arqueóloga, especializarme en el Antiguo Egipto y descubrir la tumba de Nefertiti. Con diecisiete... ¿sigo? ¿O queda claro ya? Sueño era la Arcadia, la Tierra Prometida. Sueño era el Futuro, ese lugar al que no se llega nunca. Y al igual que cambiaba yo, Sueño cambiaba conmigo.

Hasta que, en mi afán planificador y controlador, comencé a abrir los ojos cuando se dieron dos hechos: Él se fue y yo empecé a viajar. Y ahí aprendí que nada dura. Ni las mariposas en el estómago, ni las ganas de suicidarse, ni la profesión soñada ni la vida soñada. Vida soñada es la que tengo ahora mismo, la sangre palpitando en mis venas, el aire llenando mis pulmones, la rabia que siento. Eso es la vida. No Sueño. 

Mi madre no lo sabe y se preocupa cada vez que me alejo de Sueño, o de mi plan de futuro de turno. Y me revienta, también, porque es más preocupación por el fin que por mí. Podría entender que se preocupara por mi apatía, por mi desgana, por mi desilusión. Pero no por un título. No por un trabajo. Porque ni soy un título ni soy un trabajo. Porque yo soy yo, aunque a veces me lo tenga que repetir treinta veces. 

Está bien, me digo. Mamá es mamá. Mamá te quiere... Mamá no te conoce una mierda, pero no importa. Te conoces tú y eso basta. Y te conocen tus amigos. Y te conoce tu hermana... ¿de verdad? No. Pulsa la tecla y me entran ganas de gritar, llorar y acurrucarme en un rincón hasta que se me pase el agobio. En esta última semana he sobrevivido a hechos absurdos que me han recordado al futuro. Pero hoy me he enfadado. 

"¿Qué vas a hacer cuando termines?", preguntan mis amigos, mis vecinos, mi familia. "No sé qué voy a cenar, ¡déjame en paz!", me entran ganas de gritar. Pero soy una buena chica, así que suelto el discurso, que por otra parte es verdad: "He pedido una beca a Alemania o Austria. Si me la dan, me voy. Si no, quizá pruebe suerte en Polonia como profe de español". Ese es el plan hoy. Con muchas lagunas y muchas cosas que dan miedo, pero ahí está: en una frase, un plan de futuro. No quieren nada más. Mentira, mi hermana quiere que vuelva a la anterior versión de Sueño y que me haga rica.

¿Y qué quiero yo? ¿Qué me pasa con Sueño, Futuro o como lo queráis llamar? Que a veces estoy deseando terminar la carrera, lanzarme al agua y a ver qué pasa y otras solo quiero correr en dirección contraria. Detener el mundo y que se espere un año o dos a que esté lista. Salvo que nunca lo estaré, porque uno nunca está preparado para vivir. Uno simplemente vive. 

Y la culpabilidad y el sentir que estoy quemando dinero según pasan los meses, en fin... No dejo de repetirme que he aprendido mucho. Cosas diferentes, pero más útiles. Que equivocarse es un derecho y casi diría que un deber. Que tengo 22 años. Que pertenezco a una familia, no a una secta, y que aunque vivamos en un estado democrático, mi vida no se somete a votación. 

Y todo porque voy a faltar a clase, porque quiero llegar a Granada de una pieza. Y todo porque no compré el billete antes. Y todo porque le he dicho que tiene que cenar. 

No, definitivamente esto no entraba en mi idea de Sueño.

(me reitero en mis disculpas por el contenido y por la longitud; intentaré que no vuelva a ocurrir)

2 comentarios:

  1. Solo queiro decir que he leido tu entrada, que no haz de disculparse. Seria cómodo responder con un simple emoticon, quisiera yo... dando animos, saludando con la manita
    Es muy dificil, porque no sabemos y nunca sabremos como serian las cosas si uno tomara otro camino. En el laboratorio puedes repetir una prueba cuantas veces deseas, en la vida no - pues las circunstancias han cambiado y tu tampoco eres el mismo / la misma. W laboratorium możemy powtórzyć doświadczenie ile razy chcemy, w życiu realnym nie. Warunki się zmieniły a i my nie pozostaliśmy tacy sami.
    Cortito: no creo que a tu madre le importa mucho que consigas la meta final - titulo o profesión.

    Postaram się we wtorek lub w środę napisać coś więcej.
    Pozdrawiam
    Zbyszek

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  2. Hey :)

    Muchísimas gracias por el comentario. Efectivamente, en la vida no se ensaya. Se actúa y punto.

    Y no, realmente a mi madre no le importa de qué trabaje. Pero el título, créeme, sí que le importa. Son muchos años ya estudiando. Sería una decepción para ella (y sobre todo para mí) que no me licenciara.

    De nuevo, gracias por seguir leyendo y comentando. Un saludo :)

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!