lunes, 4 de marzo de 2013

De mi Warszawa nevada (II): compañeros de viaje


Una de las cosas que hicieron especial este segundo viaje a Polonia fue la gente que conocí ahí. Principalmente hice buenas migas con las italianas de mi clase, todas majísimas y adorables. Ah, sí. Solo yo me voy tres semanas a Polonia para practicar italiano. 

Pero de todas ellas, dos merecen mención aparte: Ilaria e Ilaria. Sí, se llamaban igual y vivían en el mismo cuarto. Para distinguirlas, una era Ila. Ila iba a mi clase de polaco y pasamos mucho tiempo juntas. Lo pasé un poco mal al principio de la segunda semana, pero gracias a ella lo pasé mejor. Hablábamos en una mezcla de italiano-español-catalán y a ella le debo las tres cenas caseras que pude disfrutar en Varsovia y muy buenos momentos. La echo de menos... Ma chi mi cucinarà ora?

Ilaria es una Estrella. Una de esas personas que han venido a este mundo a brillar y a iluminar a los demás. Inteligentísima, bondadosa, sonriente, resplandeciente. Le profeso una gran admiración y espero no olvidarla nunca. A ella le debo el Sublime Descubrimiento: "Hai 22 anni". 

Pero no toda la gente la conocí en las clases. Por indicación de M. fui un día a una librería española cerca de Plac Zawiszy. Fui por nostalgia, porque yo soy de recuerdos y mi barrio en Varsovia es Ochota, donde viví la primera vez. Esa librería tiene mucho de especial, porque hay que bajar unas escaleras para entrar y está como oculta: hay que buscarla para encontrarla. 

Digo que no hablo en polaco, y es verdad. Solo lo hablo por voluntad propia en dos situaciones: borracha y cuando no me queda más remedio. Y aunque era una librería española, hice un gran esfuerzo por soltar un par de palabras en el idioma. Con declinaciones y todo. Pero la desesperación se me veía en la cara y el pobre librero me dijo: "¿Hablas español?" Ah, qué alegría experimenté... "Claro, soy española".

Y así fue como conocí a Z., mi librero en Varsovia*. Empecé preguntándole por diccionarios bilingües, explicando con buenas palabras mi opinión sobre el Pons español-polaco, para luego comentarle que me habían dicho que ahí podía encontrar libros polacos "bien traducidos". Y cómo no, le pedí una recomendación. "¿Conoces a Mrożek?" No, no lo conocía. Z. me lo presentó aquella tarde, me habló de él y me enseñó algunos de sus libros. Y ahí me quedé yo, delante de la estantería, con Sławomir mirándome a los ojos diciendo: "Llévame contigo." Elegí uno casi al azar y volví al mostrador a contarle mi vida a Z., porque a mí hablar no me gusta nada de nada. 

Lo intenté en polaco, pero me faltaban las palabras. Y ahí Z. hizo algo que lo cambió todo: "Imagina que no entiendo una palabra de español. Próbuj". Resoplé. Me costó tres veces más de lo normal contar lo que quería decir y pardiez que me equivoqué varias veces, pero no fueron tantas y conseguí hablar, así a lo tonto, de mi ciudad de origen, de mis estudios, de que me gusta escribir y hasta de este blog. Z. también me contó cosas de su vida y de su familia, y aunque tuve que preguntar por algunas palabras, en general me enteré de todo. Que conste que en España tengo los mejores compañeros de clase y el mejor profesor que se pueda desear, pero con Z. era distinto. Por alguna razón, podía escuchar detrás de su casi perfecto español lo mucho que le había costado estudiarlo y que todavía a veces le costaba hablarlo. Pude percibir detrás de aquella voz todos los errores pasados hasta llegar a aquel nivel, y por una vez, me di cuenta de que no era la única que estaba luchando duro por hablar una lengua tan ajena a la propia. Y se me fue la vergüenza, por una vez. Siempre le estaré agradecida por eso y por Mrożek. 

Por supuesto, venía con gente de Granada: M. y M. No me voy a molestar ni en hacer la distinción, porque poco tengo que comentar de estos dos, salvo que los viajes unen y este ha sido la confirmación de algo que ya sabía: las amistades se cuecen a fuego lento. Y que sigan así.

Finalmente, no puedo dejar de mencionar a la gente del Polonicum, que tanto se desvivieron por ayudarnos y por que nos lo pasáramos bien. Mención aparte merece nuestra dulce Emilka. 

Pero me he dejado a una compañera de viaje en el tintero. A la más importante y a la más bonita. Queda pendiente para la próxima. Perdonad la inusual longitud de la entrada de hoy. 

*Sí: librero de Varsovia, porque tengo dos libreros en Granada y dos expertas en Valencia. Exquisita que es una. 

Imagen: Parque Łazienki, monumento a Chopin. Esperando a que llegue el verano para que su música vuelva al parque.
Página de la librería española ELITE en Varsovia

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