lunes, 18 de marzo de 2013

Crítica: "La isla de Bowen", de César Mallorquí


Ninguna crítica es objetiva, pero esta todavía lo va a ser menos: César Mallorquí es uno de mis autores preferidos y, en mi opinión, muy poco reconocido. Me encanta todo lo que escribe y me encanta cómo es. Por si queréis saber un poco más sobre él, os invito a leer su blog.

Cuando era pequeña y estaba triste y me echaba a llorar, me encerraba en mi habitación a leer para que se me pasara. ¿Sabéis qué elegía yo siempre en aquellos casos? Un cómic de Mortadelo y Filemón o de Zipi y Zape*. Pues bien, a mis 22 años sigo haciendo lo mismo. Me enfado, estoy de bajón y necesito leer algo. Pero ahora siempre elijo una novela de César. Y no necesariamente porque me haga reír, como los cómics. Sino porque sus libros tienen la deliciosa habilidad de hacerme feliz en muy poco tiempo.

Creo que sus novelas me resultan tan agradables por tres razones. La primera, porque al muy cabrón se le ocurren buenas historias. La segunda, porque las cuenta de una manera muy cinematográfica: es sencillísimo sentirse como el protagonista en plena acción. Y la tercera, porque tiene un estilo diáfano y transparente y al instante me encuentro atrapada en la historia.

La isla de Bowen es una novela de aventuras clásica... Un género que no me llama especialmente la atención. De hecho, leyendo la sinopsis tampoco es que me entraran demasiadas ganas. Ártico, largo viaje, algo pasa... Es de César. Fíate, me dije. Empecé a leer un poco, y otro poco, y "un capítulo más, que no es tan tarde". Esa es la frase mágica. Si me digo "un capítulo más", es que el libro me está encantando. Creo que a todos los lectores voraces nos ha pasado lo mismo de niños.

Así, un capítulo más por aquí y menos horas de sueño por allá, anoche me la terminé. Y me quedé a gusto, feliz, satisfecha y exhausta tras tan largo viaje. Vale, la faringitis también ayudó a lo último.

En la primera parte, la trama avanza más lenta para introducirnos a los personajes. Si se ha leído a este hombre, se reconocen rápido los dos arquetipos que suelen aparecer en sus libros: el héroe que no lo parece y el mentor sabio. Pero no por recurrente es menos efectivo. Los personajes resultan creíbles y agradables, sus motivaciones son plausibles y en principio ninguno cae mal.

En la segunda parte, ya en plena aventura, la novela es una película maravillosa. Descubrimiento tras descubrimiento hasta que se llega a un final que, si bien no es apoteósico, sí resulta original y novedoso. Presenta algo de ciencia ficción que a priori parece no encajar pero que tras un "Bueno, ¿y por qué no?" casa sin problemas con el resto de la historia.

Como último detalle, cuando leí la expresión "te sacaré las tripas y saltaré a la comba con ellas" no pude evitar reírme: es una expresión bastante recurrente en su blog y me encanta.

No doy más detalles para no estropearle el libro a nadie. Pero en definitiva: si estáis buscando alguna lectura entretenida, que os haga sentir como niños de nuevo y bien escrita, esta es una opción más que recomendable. Me ha gustado muchísimo, y aunque no es mi preferido (siempre será Las lágrimas de Shiva), sí es el mejor que ha escrito: el más consistente y el más completo. Lo tiene todo, incluso algunas cosas previsibles. Porque está bien tener pistas de lo que va a pasar después, también.

Finalmente, y valga como prueba de su calidad, gracias a esta novela ahora me apetece leer a Verne. Si un libro te invita a leer otros, definitivamente vale la pena. Criterio subjetivo, lo sé, ¿pero cuál no lo es?

*para lectores no españoles: "Zipi y Zape" y "Mortadelo y Filemón", de Escobar e Ibáñez respectivamente, son cómics españoles que tuvieron bastante éxito en los tardíos ochenta y principios de los noventa. 

3 comentarios:

  1. Bardzo zachęcająca recenzja. Wydaje się, że César Mallorquí nie był jeszcze tłumaczony na język polski.
    Me encantó tu prueba de calidad de un libro. Sí que es un criterio muy subjetivo, pero como un lector ¨podpisuję się obiema rękami¨.

    Ayer en el Instituto Cervantes de Varsovia Julio Llamazares dío una charla "Przyjemność z kłamania" es decir "El placer de mentir". Era esto lo que pensaste, solo al niño y al escritor se les permite inventar historias. Dijo también, que según el eso de inventar cuentos era la primera profesión, no la prostitución como se suele decir. El escritor parecía triste, creo que piensa en la muerte. Alguien diría: ¿y quién no?
    Además la desapareción de Vegamián, el pueblo natal de Llamazares, le inspiró a escribir ¨La lluvia amarilla¨. Lugares y paisajes desaparecen, la memoria se desvanece y el cuento queda... esto ya es mi conclusión

    Un saludo desde Vasovia otra vez nevada
    Zbyszek

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  2. Más bien los lugares desaparecen, los paisajes se transforman...
    Un saludito
    Zbyszek

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  3. Siema,

    quizá ese autor tenga razón y la primera profesión sí fuera la de inventar cuentos. Para mí, por deformación profesional, la humanidad no empezó a crecer hasta que pudo conocer otras culturas y comunicarse con ellas: hasta que llegaron los intérpretes. Pero contar historias es mucho más hermoso.

    Ay, la Muerte. Si por ella vivimos y a ella llegaremos, ¿para qué temerla o analizarla en exceso? A veces a mí también me da por obsesionarme con ella, pero por suerte, mi necedad de juventud todavía me mantiene demasiado ocupada en las frivolidades propias de mi edad como para permitir que me afecte en demasía.

    No creo que los lugares desaparezcan. Solo mutan (cambian y se transforman), pero parte de su esencia permanece en ellos. Y si se sabe buscar, a veces hasta se encuentra.

    Un saludo desde mi Valencia tibia y suave de primavera

    Krysia

    P.D.: Perdona el retraso. Wakacje, wiesz...

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!