martes, 26 de febrero de 2013

De mi Warszawa nevada (I): primeras impresiones


¡Hola! Llevo ya una semana en Granada y tengo mucho que hacer y mucho que contar, pero si no hablo ahora de mi viaje a Varsovia, sé que lo voy a dejar pasar y no me parece bien.

Hay tanto que escribir sobre esta ciudad que resulta difícil saber por dónde empezar. Así pues, comenzaré respondiendo a la pregunta que más me han hecho mis amigos: "¿Es muy distinta Varsovia en invierno que en verano?"

Sí, es muy distinta. Pero como a mí me gustan las respuestas largas, voy a explayarme un poco más. 

La diferencia más obvia es que en invierno hace frío, con todo lo que eso conlleva. Cosas muy buenas, como la nieve, y cosas no tan buenas, como que los locales se llenan mucho antes y no hay narices de tomarse una cerveza en plena calle. Pero también trae cosas peculiares, como los percheros.

"Naprawdę, Krysia?" ¿Percheros? Pues sí. En España ya puede hacer todo el frío que quieras, que no vas a encontrar un maldito perchero en ninguna clase, tienda o cafetería. En Polonia los encontré en todas partes y -lo que me resultó más extraño- la gente los usaba. 

Obviamente, la cantidad de ropa que lleva un español de media en invierno es mínima comparada con los atavíos que se necesitan en Polonia. Resulta a todas luces mucho más cómodo colgar el chaquetón y la bufanda para moverse más a gusto en la silla o donde sea. Y realmente en España también podríamos hacerlo, pero somos bastante ladronzuelos, así que a ver quién deja su chaqueta desprotegida en el perchero de un Starbucks. Al principio los miraba con recelo, pero al final me acostumbré y hasta los usé. Y ahora quiero un perchero en mi vida. 

Otra diferencia notoria con mi anterior aventura polaca, aparte de que ya sabía dónde estaba y cómo moverme por la ciudad, fueron las costumbres que el frío trajo consigo. Como, por ejemplo, beber té polaco como si no hubiera mañana, intentando que la mágica herbata calentara mi congelado cuerpo. Pero beber té es algo muy bonito, romántico, poético y adulto, así que me encantó probarlos todos.

Por supuesto, un elemento que define en gran manera los viajes es la gente. La que viaja contigo y la que conoces ahí. Tengo mucho que decir de ambas. De mis reconciliaciones conmigo misma y alguien más, de mis compañeros de curso, de mi nuevo amigo librero y de la persona más varsoviana que conozco. Todo eso en la próxima entrada.

Y también de cómo cada vez me veo más viviendo en esta ciudad. Pero esa es otra historia y será contada en otra ocasión.

Imagen: Plaza san Salvador, o "plaza san Hipster". Un pajarito me ha dicho que hay pocas fotos, así que... Fuente: Gazeta.pl