viernes, 25 de enero de 2013

Moja Warszawa



Varsovia se despierta temprano y se acuesta tarde. Mira sus viejas cicatrices, algunas todavía rosas, para no olvidarlas. Pero no se detiene a observarlas; sabe que la vida no está ahí. Suspira, sonríe y sale a la calle, a las calles remendadas, con olor a nuevo, a viejo, a prestado y a azul. Se recrea en el verde de sus parques, en la gente que pasa por ella. Varsovia es amable y generosa, una anfitriona que es atenta sin agobiarte. Que te dará lo que necesites si se lo pides y que te dejará a tu aire para que campes por ella a tus anchas, para que la descubras -y te descubras- a tu manera. Para que te pierdas sin perderte, pues todas sus calles están bien señalizadas para que sepas regresar desde sus entrañas. Varsovia sabe que pocos la entienden, pero se hace entender a través de cada ciudadano bienintencionado que usa su poco inglés, sus muchas señas y su gran sonrisa para ayudar y entender a quienes tenemos el privilegio de estar en ella. "Zakochaj się w Warszawie: "Enamórate de Varsovia", el lema de la ciudad. ¿Cómo no amarla, si ella te quiere y te cuida desde el primer momento. Un día basta.

Varsovia es M. y M. es Varsovia. La ciudad late bajo su piel. La misma sangre, la misma esencia, la misma fuerza. La misma en cada habitante de esta ciudad, tan querida por todos ellos y de la que tan orgullosos se sienten. 

Varsovia fluye siempre hacia delante, mas tranquila, como el río que la baña. Es joven aunque su mirada sea vieja, y es fuerte aunque parezca indefensa. Me mira caminar y vivir sobre ella y parece decirme: "Mi hogar es tu hogar. Olvida aquí tus penas y simplemente relájate, conócete, disfruta. Ya habrá tiempo para lo demás. Pero aquí sé feliz". Y lo estoy siendo. Varsovia era lo que necesitaba ahora mismo

(Warszawa, 31. VII. 2012)

Escribí estas reflexiones en mi cuaderno de viaje, que tiene condición de diario. Y como Diario, está sujeto a mis reglas de privacidad: solo pensaba mostrarlo a mis hijos o sobrinos. Pero este fragmento quise compartirlo desde que lo escribí.

En menos de cuarenta y ocho horas estaré en ella de nuevo. Congelada, eso seguro. Pero también feliz, y será doble esa felicidad, porque ya me deleita mientras la espero. Nieve en mi piel, blanco en todas partes, y bajo ella, una preciosa ciudad escondida.

Vale, está bien, lo admito. Y vodka. También habrá vodka.

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Moja Warszawa by Cristina S. Baixauli is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License

1 comentario:

  1. Olé, piel de gallina al leerlo. Sé lo que sientes.

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!