domingo, 2 de diciembre de 2012

El caso nominativo: ese gran pringado

Dedico esta entrada a mi amiga Conchi, que me sugirió que la escribiera hace meses. Espero que te guste y que te lo estés pasando genial en Bruselas. Qué envidia que me das, jodía. 


Vaya, una de las cosas que odio de escribir blogs es tener que ser tan egocéntrica de vez en cuando. Esta entrada viene a cuento de que estudio varios (quizá demasiados) idiomas. Ojo: estudio, NO hablo. La gente me mira pensando que soy un genio, pero os aseguro que un nativo discreparía mucho. Muchísimo. 

Algunas de esas lenguas, como el alemán y el polaco, tienen casos gramaticales morfológicos. ¿Y qué es eso? (Si eres de letras puras, sáltate tres párrafos). La versión corta: el culpable de muchas frustraciones. La versión larga la podéis encontrar en Wikipedia, en vuestro amigo de filología o en algún manual de gramática generativa (probablemente esté calzando la mesa de estudio del filólogo). 

Básicamente, que una palabra no solo cambia en función de si están en singular o plural, o en masculino o en femenino: también cambia dependiendo de qué función tenga en la oración.

Porque nosotros, felices hablantes de una lengua románica en la que es lo mismo decir que "La mesa es bonita", "he comprado una mesa", "el gato está encima de la mesa" y "Oh, Mesa, qué bonita que eres"*, vivimos ignorantes al hecho de que hay un caso para cada cosa. Por suerte, en las lenguas románicas han desaparecido casi por completo, quedando algún resquicio en los pronombres.

El caso nominativo... ¡¡volved, malditos, volved!! ¡¡No os voy a dar una clase, os lo prometo!! Gracias. En fin. El susodicho caso tiene la función de sujeto y de atributo y poco más. Cabría pensar que es un caso importante, pero la verdad es que el nominativo como tal se usa muy poco en comparación con sus colegas. Bueno, vale, puedes usarlo muchísimo y hablar sin casos, pero los alemanes y los polacos se te quedarán mirando como si hablaras en indio. Miento, solo los alemanes. Los polacos te amarán y te invitarán a un chupito en cuanto balbucees "Hola" en su idioma. Angelicos. 

Como decía, el nominativo se usa poco... En la práctica, porque en la teoría tiene muchísimo poder: para formar el resto de casos, necesitas saber cómo es el nominativo. El caso nominativo es el marginado de la clase, ese al que todos hacen de lado pero al que todos le piden los apuntes. Todos negarán que lo necesitan porque, al fin y al cabo, nadie se fija en él (nadie lo usa), pero todos se aprovechan del pobre. 

Y es que, pese a ser el único protagonista del diccionario, ni siquiera ahí es el rey. Nadie va al diccionario de polaco a buscar el significado del sustantivo, no: va a invadir su intimidad. Te importa un pito su preciosa etimología y lo bonito que queda de sujeto. ¡Lo único que quieres saber es si es masculino, femenino o neutro y cómo se forma en plural! Y ahí se queda el pobre nominativo, triste y solo, mientras tú te lo pasas pipa (te quieres pegar un tiro, pero eso el nominativo no lo sabe) declinándolo en locativo para explicar que Jesús camina sobre las aguas (sí, mis clases de polaco son fascinantes).

Pero incluso los seres más solitarios tienen un amigo, y nuestro querido nominativo tiene a alguien que hace su vida un poco más feliz y alegre: el verbo ser. Si está el verbo ser en la frase, el nominativo está contento, porque eso significa que lo van a usar. ¡Por partida doble! El verbo ser es el hada madrina del nominativo. Por desgracia, en el polaco nuestra hada madrina es un poco veleta, porque en cuanto se le pone un adjetivo delante del sustantivo, el caso cambia a instrumental y el nominativo vuelve a su rincón. En el sujeto, apartado de todos los demás.

Llevo ya varios años estudiando lenguas suicid... digo, con casos gramaticales morfológicos. Los suficientes para cogerle cariño al pobre nominativo. Él no lo sabe, pero su sufrimiento es también el mío. A él le jode que lo ninguneen, pero a mí me fastidia todavía más tener que declinarlo hasta el infinito. Por eso yo me estudio el vocabulario con mucho amor y cariño. Porque ahí, despojado de verbos y preposiciones que dirijan su vida, la palabra está feliz en su estado puro: en nominativo.

*Nota aclaratoria: No, no es lo mismo. Los casos existen, como tales, en todas las lenguas. Pero solo en unas cuantas se ven en la morfología de las palabras. En español, por ejemplo, no se ven. Vale, sí. En los pronombres. Traductora, no filóloga. Aprovecho para dar las gracias a Wikipedia por su ayuda. Dudas, gritos e improperios en los comentarios. Gracias. 

3 comentarios:

  1. Qué bonito... parece una oda al nominativo más que una entrada de blog!
    Y pareceis inseparables el nominativo y tu!:)

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  2. Muchas gracias, guapa :). Y que lo digas, ya llevamos juntos seis años. Creo que la cosa va en serio :P.

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  3. Y yo que siempre que estudiaba latín pensaba que el vocativo estaba peor...
    Menos mal que a mi esas cosas no me tocan demasiado la moral, afortunadamente...
    Que paciencia más bendita tienes. Supongo que todo visto desde dentro parece más llevadero, pero... si me tocase a mí estudiar todo eso, moriría miserablemente. Es un tema con el que no sé si podría ¿Historia? Sí. Literatura y filosofía también... sin embargo, esto... Tienes un talento. Y lo dicho. Paciencia.

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!