martes, 11 de diciembre de 2012

Del uno para todos y de los males psicosomáticos

Ni puedo ni quiero dar detalles, pero ahora mismo tengo una situación un poco complicada en casa. Mi madre aguantando como puede -a duras penas, porque jamás ha podido. No es culpa suya. Mi hermana mayor está siendo devorada por los nervios, perdiendo peso a la carrera sin hacer cambios en su dieta. Y mi otra hermana, que vive en la ignorancia, carcomida por el rencor y por su situación actual, que no entiende nada.

Yo soy la privilegiada. Objetiva, subjetiva y todos los ivamente que haya. Tengo un paraíso en el que esconderme, en el que me resulta fácil impedir que me molesten. Yo tengo a Granada. Y lo que es más importante, tengo a mis amigos en Granada. No solo puedo huir del microcosmos que es la ciudad donde vive mi familia, sino que también tengo quien me acompañe. Ellas no tienen ese lujo.

Hubo un momento en mi vida en el que ellas estaban un poco mejor que yo. Se llama mi adolescencia. Pero se han cambiado los papeles y ahora soy yo la que tiene que lidiar con un puñado de jovencitas perdidas que no sabe qué hacer con su vida. En el fondo siempre ha sido así. Entre las cuatro. Sin hombres, sin nadie. Solas. Y si un día fue "todas para una", ahora es un "una para todas". 

No es tan horrible. Prefiero saber la verdad a vivir en la inopia, aunque sea más difícil. Es algo que puedo y que ahora mismo debo hacer, y me parece bien. Ni siquiera me importa cómo me pueda afectar a mí, solo quiero que salgan adelante como puedan hasta que todo se normalice, si ha de normalizarse.

Por eso estoy preocupada. Porque a mí no me suele afectar nada. Físicamente, quiero decir. Tengo la suerte de gozar de buena salud y no suelo caer enferma. Lo de los nervios y mi hermana mayor no me ha pasado nunca, por ejemplo. Pero ahora sí.

Ayer volví a Granada y desde entonces cuando no tengo un achaque, tengo otro. Dolores de cabeza, malestar. Vale. Ibuprofeno y darme un día libre más. Creía que la cosa quedaría ahí. Me preparé bien la clase de esta mañana y tenía ganas de ir. Pero cuando sonó el despertador, me sentí empachada y mal. Hasta el punto de sentirme incapaz de levantarme. "Tú mandas", me dije. Apagué el despertador y me volví a meter en la cama. Al poco llamó mi madre por teléfono y le comenté cómo estaba. Ella no entiende que me salte una clase, pero tal y como están las cosas, todavía entiende menos que enferme cuando no me suele pasar nunca. 

"¿Y si estás enfermando para esconderte?" Un dolor de cabeza, pase. Pero no suelo tener problemas de estómago. Tengo bastante aguante para eso, la verdad. Dos clases menos en veinticuatro horas, todas por dolencias menores, me dan que pensar. Porque la verdad es que no me apetece nada tener que salir y ocuparme de mis cosas. Y poner buena cara, e intentar olvidar. Sé que es lo que debo hacer y probablemente sea lo que más necesito ahora, pero no quiero. Prefiero quedarme en la cama, calentita, durmiendo y dejando que pase el tiempo. Ahorrando fuerzas para dentro de una semana y media, cuando las volveré a necesitar. Cuando me tocará batallar. 

No puedo enfermar más. Ya puedo ir pensando en algo. Chutarme vitaminas en vena, usar el café hasta para ducharme, pensar en cosas bonitas, lo que sea. Pero no más malestares psicosomáticos. Y si pese a todo caigo mala, es que se me acabó la salud de hierro. 

Espero de verdad que sea lo primero. 

2 comentarios:

  1. Me gusta tu estilo, volveré por aquí para seguir leyéndote y espero no siempre polemizar tanto contigo como en el caso de la enfermera de Kate. Yo también soy de letras, y me gustan las lenguas. Soy profesor de inglés y de español, hablo italiano y portugués. Así que no me ha sorprendido nada ver que estudias traducción y saber que eres charlatana. Solo alguien así podría haberse molestado en escribir una respuesta a mi entrada más larga que la entrada misma. Que quieres que te diga ¡Viva La Palabra!

    Yo también ando sobrado de motivos para no querer levantarme muchas mañanas. Sé que me autoengaño pero es cierto que es agradable dejar que el calorcito que proporcionan las mantas sustituya a todos esos otros fríos más complejos y difíciles de aliviar. Nunca se me hubiera ocurrido lo de ducharme con café pero me parece una idea genial y ya mismo voy a llamar a EMASAGRA. Prometo informarte si consigo que me proporcionen suministro.

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  2. ¡Hola! Bienvenido y gracias por los cumplidos :) Tranquilo, no creo que volvamos a discrepar tanto. Y sí, admito que en los comentarios me gusta extenderme. Defecto de fábrica, qué le vamos a hacer. Vaya, portugués no hablo, aunque me gustaría mucho. Italiano sí, y algunos otros idiomas desquiciantes también. Pero no lo cambio por nada.

    Bueno, la desgana matutina pasará. Siempre son fases. Pero el calor de la cama es siempre fantástico, así que no me atrevo a poner las sábanas de franela. Sería capaz de quedarme a vivir ahí. Si consigues que te suministren suficiente café, házmelo saber. Podemos llegar a un acuerdo. Mientras, voy a tomarme uno por la vía reglamentaria para no quedarme dormida sobre mis apuntes de polaco.

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!