domingo, 16 de diciembre de 2012

De mi Alemania: el barrio Kuhviertel de Münster

Precisamente ahora tenemos razones más que sobradas para hablar de cosas tristes. Pero qué voy a decir sobre el tiroteo de Newtown que no se diga en las noticias. Así que, aprovechando que el nubarrón negro que me acompaña desde hace una semana ha descargado algo de agua hasta tornarse gris, voy a hablaros de un lugar al que le tengo mucho cariño y que probablemente no conozcáis: la ciudad de Münster, en el estado federal de Renania del Norte-Westfalia, Alemania.

Cómo no, os voy a explicar por qué. Veréis, a veces escribo... Fuera de aquí, quiero decir. Intento contar historias, pero no lo consigo. Hay una idea en concreto que me atormenta desde que leí la obra de teatro Trescientos Millones, de Roberto Arlt. La podéis encontrar en formato pdf por Internet y os la recomiendo. 

Es una historia que ha ido creciendo con el tiempo, igual que yo. Empezó en Londres y el desarrollo era muy simple. Poco a poco se volvió más complejo y me di cuenta de que no podría ser Londres, porque no conozco esta ciudad lo suficiente. Y no me gusta España para esta historia. A lo largo de estos años esta historia ha conseguido padrinos. Bueno, muchas madrinas y un padrino. Musas. Gente que de alguna manera u otra la ha ido nutriendo con sus aportaciones. Miriam de Lugo, Marta, Miriam del piso y Marcin. Cuatro emes. Hablando con una de las Miriam, decidí que para darle un digno homenaje, y ante la necesidad de encontrar un emplazamiento extranjero para la historia, la situaría en Münster. Además, es la ciudad extranjera que mejor conozco, porque viví en ella mi año Erasmus. Sí, toca una de batallitas universitarias. 

Para aquellos apasionados de la historia, Münster fue el lugar donde se firmó la paz de Westfalia, que puso fin a la guerra de los 30 años. También es la ciudad con más bicicletas por habitante de Europa (no, no es Amsterdam) y la ciudad más "habitable" del mundo dentro de su categoría de número de habitantes. En otras palabras, la ciudad donde mejor se vive de entre doscientos y trescientos mil habitantes. Doy fe de todo ello.

Es una ciudad pequeñita donde lo encuentras todo, maravillosa para ir en bici (eso dicen los que saben montar), atiborrada de universitarios por doquier, con pequeños cafés y pubs geniales, con todo lo bueno que Alemania puede ofrecer y con la tranquilidad de una ciudad no muy grande. Adoraba recorrer el mercado de la plaza de la catedral los sábados por la mañana. Me ponía guapa para ir a comprar queso... Y huevos. Y ver al chico que vendía los huevos, un alemán muy lindo de mejillas sonrosadas, ojos azules y sonrisa bonita. 

Además, la catedral estaba junto al barrio de Kuhviertel, mi zona preferida de la ciudad. Su nombre significa "barrio de la vaca" y es el barrio universitario por excelencia. Los mejores pubs, la biblioteca y algunas tiendas muy chulas están ahí. También el mejor kebab de la ciudad y un italiano muy decente.

En la foto podéis ver el campanario de una iglesia: la Überwasserkirche, o iglesia sobre las aguas. En mi opinión es la más bonita de la ciudad. Justo enfrente de ella hay un anticuario, uno de los exteriores más grabados de Münster: es uno de los escenarios de la serie de misterio Tatort. Este estado federal es famoso por ser el que más series de televisión y programas produce (las grandes cadenas de la tele alemana están en Colonia, a dos horas y media de Münster), así que no me sorprende.

El barrio de Kuhviertel es deliciosamente céntrico. Caro, por lo tanto, así que no podía vivir ahí. Pero mi protagonista se merece vivir en Kuhviertel, a un tiro de piedra de la biblioteca, de la facultad de filología, de la Mensa (el comedor universitario), de la catedral, del café Fyal y de todo lo que vale la pena en esta preciosa ciudad. Y bueno, si tengo la suerte de conseguir el auxiliar de conversación a Alemania y me conceden Münster, me encantaría vivir ahí si puedo. 

Tengo un recuerdo aquí que espero no olvidar nunca. Fue el día antes de volver a España por las vacaciones de Navidad. Hacía mucho frío, pero necesitaba comprar algunos regalos y fui al Weihnachtsmarkt (mercado navideño) de Kuhviertel, que era el que me faltaba por ver de los cinco que hay en Münster por estas fechas. Cuando volvía para casa, nevó con más fuerza. Toda la gente se cubría y se escondía, pero yo miraba el cielo y sentía la nieve sobre mi piel. Vi nevar por primera vez en Alemania y me encantaba (y me sigue encantando, y lo añoro). Si cierro los ojos todavía puedo sentirlo.  

Añoro esta ciudad muchísimo. Es una de mis muchas patrias y hace dos años que no la veo. Quizá escribir sobre ella, sobre sus calles y sus sensaciones, me ayude a no olvidarla. Quizá atraiga a la buena suerte y viva en ella el año que viene. Quién sabe. 

2 comentarios:

  1. Hola, mi papá me envió esta nota que has hecho. Estoy viviendo en Münster en estos momentos y seguramente investigando sobre la ciudad llegó a tu blog. Me dice que cuando vuelva a casa, me sentiré igual y recordaré esta ciudad con tanto cariño. Seguro será así porque desde un principio que me gustó, y digo; que suerte estar viviendo un tiempo aquí. No la considero como un lugar en el cual pueda vivir a futuro (soy de ciudad capitalina, no puedo evitarlo) pero me ha dado tanta paz y por supuesto increíbles momentos con lindas personas de todos los lugares (soy erasmus también, es inevitable). Me gustó tu idea de que tal vez escribiendo uno pueda no olvidar todo esto, he estado buscando maneras; guardando cositas, dibujando, grabando, etc. Intentaré con el escribir.
    Saludos!

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    Respuestas
    1. Hola,

      sí, estoy segura de que añorarás a mi Münster tanto como yo. Yo también soy de ciudad grande, pero de una más pequeña que Münster, así que para mí esta ciudad es perfecta. Espero que escribas sobre la ciudad, que la disfrutes tanto o más que yo. Que vayas a comprar al mercado de la Domplatz los miércoles y sábados. Que te tomes un café en el FYAL a mi salud. Que te comas un kebab cerca de la Überwasserkirche bien rico. Y que montes en bici, que yo no pude hacerlo. Un abrazo,

      Cristina

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!