lunes, 12 de noviembre de 2012

Si no hubiera sufrido bullying

Habría tenido una infancia más feliz, definitivamente. Pero no me habría cambiado al instituto de Cheste.

Si no me hubiera cambiado a Cheste, no habría conocido a Anna ni a la gran Mercedes Magariños ni habría elegido el bachiller de letras. Habría estudiado ciencias y sería médico, seguramente.

Si no hubiera estudiado letras, no habría estudiado traducción y por tanto, no me habría mudado a Granada.

Si no me hubiera mudado a Granada, no habría conocido a, ¿por dónde empiezo? la aplastante mayoría de mis amigos. Dámaso, Adri, Juanjo y Marta. Y a toda la gente de la facultad.

Si no hubiera venido a Granada, no me habría ido de Erasmus. A Münster.

Si no hubiera ido a Münster, no sabría ni la mitad de alemán del que sé, no conocería a Helena, no habría visto nevar ni sabría valerme por mí misma al nivel que demuestro ahora.

Si no me hubiera ido de Erasmus, no me habría mudado al año siguiente con Marta.Y Sheila. Si Sheila no nos hubiera jodido el año, Marta y yo probablemente no estaríamos tan unidas. Nada como un enemigo común. Si no hubiera vivido con Marta, no conocería el ramen ni a David, el médico, no habría escrito nada y no conocería muchas cosas frikis que hoy día conozco. Cariño, gracias. De no vivir juntas tampoco la habría podido convencer de que se fuera a Londres.

Si Marta no se hubiera ido a Londres, no habría vivido con Noelia y Muffin en el piso más bonito de Granada (pese a todo). Sin Noelia no habría salido ni la mitad de veces de fiesta, no habría dado ni la mitad de cenas, no conocería HitFM, ni un montón de programas de la tele. No habría tenido un grupo de colegas tan genial como numeroso (Amal, Rosa, Vero, Pablo, Francis, Sebas, Sonia, Mili, Rafa, Brian). Y no me habría matriculado en polaco. Sin Muffin, no bebería tila ni té, no necesitaría tila o té y una manta cuando estoy triste y no echaría tanto de menos que me hagan cosquillas. Y no habría tenido nadie con quien ser mami y tierna durante cuarto de carrera.

Si no hubiera estudiado polaco no conocería a Marcin ni a Silvia ni me habría ido a Varsovia ni me habría pegado algunas de las mejores juergas de mi vida ni me habría reído tantísimo ni habría aprendido lo mejor de dos culturas tan distintas. Ah, tampoco me habría hecho amiga de Mari Carmen...

Si no me hubiera hecho amiga de Mari Carmen, no me habría mudado con ella y con Miriam. No sabría cocinar ni la mitad de pasteles que ahora conozco, no habría vuelto a empapelar una casa con post-its ni viviría tan cerca del Ugarit. Tampoco sabría ni la mitad de cosas que sé sobre lo que sueño ni podría cantar a grito pelado con una espátula en la mano y no vería Divinity en inglés.

Y todo esto son solo unas pocas de las muchísimas cosas y personas fantásticas que tengo.

Si no hubiera hecho ninguna de estas cosas, no sería yo. Sería otra persona distinta, ni mejor ni peor, pero no yo, esa rara que por lo general es un desastre pero un desastre único, que ha aprovechado su libertad para elegir dónde y cómo vivir, y con quién. Y salvo esa primera causa, el acoso escolar, todo lo demás lo escogí yo para mí. No me gusta recordar gran parte de mi infancia. Pero a ella le debo la persona que soy, y no pienso negarla.

Si lo hubiera tenido fácil, no sería yo. Por suerte, lo tuve difícil al principio.


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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!