viernes, 30 de noviembre de 2012

De lo contrario al insomnio, o no querer dormir

Hay tres clases de personas: las diurnas, las nocturnas y las que funcionan a cualquier hora. Dependiendo del día puedo estar en el segundo o en el tercer grupo, pero lo cierto es que me gusta trasnochar. 

Para empezar, porque hay silencio. No hay ruidos, no hay voces, ni hay música del vecino a toda leche. Como mucho, el zumbido de la nevera y el sonido de las teclas. Bendito, sagrado silencio.

También, y acabo de darme cuenta, porque el tiempo pasa más despacio, más dulcemente, sin molestar. De día pasan mil cosas. Desayunos, clases, almuerzos, cafés, charlas, más clases, tareas, compra, limpia, todo se mueve, nada se detiene, cena, duerme (muere). Cena, juerga, duerme (si puedes) los fines de semana. 

La noche es toda igual. Cuando se apagan las luces y solo queda encendida la mía, el tiempo pasa más despacio. No golpea con las doscientas cosas que hacemos a diario. Parece observarme, desde el rincón de la pantalla que señala la hora. Ahora se burla y me dice que me tengo que levantar en cinco horas. Ya voy.

La verdad es que no me voy a dormir porque no me quiero despertar. Porque no me apetece el nuevo día y por eso lo niego. Mientras siga despierta, no habrá mañana. Solo hoy. Y no le pasa nada al día de mañana. Podría ser mucho peor. Una clase (para la que no estoy preparada), un café (que no me apetece, aber ich muss mein Deutsch üben) y una tarde que debería invertir en adelantar deberes (bienvenida, escuela primaria) y ponerme coqueta para la apetecible cena a la que estoy invitada. Eso sí me apetece. Agradable velada entre traductores, con el extra añadido de un amigo al que solo veo un par de veces al año. Cómo no iba a apetecerme.

¿Qué haces con todo eso, Krysia? ¿A qué juegas, con tus clases en la universidad, tu café de adulta y tus cenas tan interesantes cuando no eres más que una mocosa? ¿Quién te dejó salir de la primaria? ¿Cómo llegaste a la universidad? ¿Por qué te permitieron viajar sola al extranjero? Te pusiste unos tacones, te pintaste los labios en el ascensor y te creíste mujer, y mayor. Pero aunque el DNI lo desmienta, los ojos no engañan. No eres más que una niña que tiene miedo de dormir. Envidio a los insomnes. Ellos, al menos, tienen una excusa lógica y valida para no meterse en la cama.

Aún llevo los zapatos y la mierda pintura que me definen como adulta, así que interpretaré bien mi papel y me mandaré a mí misma a dormir. Ni con la cafetera de seis tazas entera para mí lograré estar medianamente lúcida a las 9, pero me gusta vivir al límite. No sería la primera vez que me duermo en clase. No, no me siento orgullosa de ello para nada. Ni de eso, ni de tantas cosas.

Vale ya por hoy. Citando a Scarlet O'Hara, after all, tomorrow is another day. Amén. 

Nota aclaratoria: gran parte del contenido del post de ayer era broma. Me veo en la obligación de aclararlo porque por lo visto fui muy sutil y más de una persona parece haberlo malinterpretado. Yo misma me llevaré las manos a la cabeza si se admite alguno de los barbarismos que propuse. Esa parte iba en broma. Lo de Reverte, en cambio, iba completamente en serio. Gracias, y disculpas.

1 comentario:

  1. jajajaj, pero eso barbarismos sonaban muy bien xD, este post me suena un poco :P, no se de que... xD

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Citando a la gran Carmen Pacheco: no seas un lurker, ¡comenta!