sábado, 13 de octubre de 2012

Mi primer chupito de tequila

Esta noche, viendo una serie, me ha venido a la cabeza la primera vez que me tomé un chupito de tequila. Está bien, la segunda. Pero la recuerdo como la primera porque en la segunda aprendí cómo hacerlo.

Estaba en Irlanda, tenía 17 años. Me habían concedido una beca para estudiar inglés y vivía con una señora irlandesa fantástica llamada Nora. Había otra chica española en su casa, también de la beca, Camila.

Nora era tan simpatica y tan genial que nos dejaba beber. Siempre bajo supervisión, claro. Y, por alguna razón, tenía tequila. Así que Camila nos enseñó a tomar el chupito. Quién no lo sabe. Lame el dorso de la mano, échale sal, chupa la sal, bebe el tequila, muerde el limón. Pero lo especial de aquella técnica era que ya tenías el limón en la misma mano de la sal. Así se tomaba mucho más rápido y subía mejor el alcohol.

Aquel verano aprendí muchas cosas. A no creer jamás a un irlandés cuando dice que no va a llover, a barajar las cartas como una crupier de Las Vegas, a cumplir mis promesas -y a incumplirlas-. Y, por supuesto, a beber tequila.

Cumplí los 18 en Irlanda, también recuerdo bien ese día. Me desperté al amanecer, era un día precioso. Había encargado un par de tartas en el pueblo y Camila se ofreció a ir a recogerlas. Mientras, me duché y vi en la tele una película que era muy especial para mí. Por casualidad, la emitieron ese día.

Camila llegó y todas me cantaron el cumpleaños feliz. Nora nos llevó a comer y me regaló una cruz celta preciosa. Todavía la tengo y le guardo mucho cariño, a ella y a aquellos días en Irlanda.

Y aunque solo hace cuatro años de aquello, parece que sean mil. Desde entonces he ido a la universidad, viajado por varios países de Europa, aprendido varios idiomas y conocido cientos de personas. Por supuesto, perdí el contacto con Camila y con Nora, pero todavía las recuerdo a menudo. Siempre con la nostalgia de quien se va haciendo mayor.

Espero poder regresar a Irlanda algún día. Y deseo, aunque esto es más difícil, tener la ocasión de volver a Athlone y visitar a mi querida Nora. Mientras tanto, tengo ganas de tomarme un chupito de tequila... Y de hacerme más mayor.